2045

                                     Por Fabian Kussman

 

El frio que se había apoderado de Mao Tse-tung City, le obligó a cubrirse con esa gabardina negra que hasta ahora solo había servido para bloquear la entrada de su pequeño departamento. El joven y ambicioso fiscal Luisin Vergogna  necesitaba más espacio y con su salario no podría realizar el sueño de ser el propietario de esa casa color terracota que descansaba sobre una montaña alfombrada de césped natural en el exclusivo Barrio Parque Garré o al menos, un piso en Puerto Milani como el que poseía su maestro y mentor, el juez Purio.

Luisin Vergogna había nacido en la maternidad Nuestra Señora Cristina en la provincia de Santa Que Cruz. Sus padres, bisnietos de italianos, habían fallecido aplastados luego del derrumbe de El Relato, un monumento histórico erigido en memoria de los que trucaron la memoria.

Había llegado a La Reina del Plata para estudiar leyes y cuando quiso volver sobre sus pasos ya era un Porteño-Chino. Ya se había acostumbrado a los aromas y secretos de la antigua ciudad. Los dos focos de 25 voltios que iluminaban la calle aún no habían cesado su actividad. Cuando ganó la calzada, el frío obligó a calentar el motor de su Yugo 2025 más de lo usual. Luego, remontó la ruta Gobernador Scioli tratando de no caer en los cráteres  que le saludaban sonrientes desde el carril derecho. Al llegar a las pesadas puertas del Palacio de justicia, donde un busto de un tal juez Рауль Эухенио Zaffaroni, casi perdiéndose tras las gruesas columnas que sostenían la estatua del Ayatola D'Elía, le daba la bienvenida. Con fatiga, el fiscal se dirigió a su oficina en el subsuelo, exactamente detrás de la Sala Milagro, de Psicología Jurídica.

-Pibe, así usted no va a ninguna parte -afirmó el juez Purio agitando unos raídos y malolientes papeles, interrumpiendo la caminata -Yo ya estoy viejo. Me conformo con un diez por ciento...

"Pobre pibe" pensó el viejo magistrado sorteando los pedazos de escombro que caían del vencido cielorraso "Por no prenderse con la KGBmpora...!"

Si bien el juez Purio era merecedor de su respeto, Luisin Vergogna pensó que eran cosas de la edad. "El retiro lo está afectando" pensó hundiendo los papeles en su portafolios. Pero luego, el fiscal observó más detenidamente la información.   

Luisin Vergogna devoró el documento secreto en el cual se instruía y ordenaba a fiscales y jueces a acusar, y sentenciar sin pruebas a militares más de tres décadas atrás. Allí vio la luz al final del túnel y montones de Pandas de oro volando a su bolsillo.

Puso rápidamente en función una investigación encontrando eco en el diputado Corrotto del Partido Kirchnerista Viva la 1050, quien propone una indemnización para los familiares de aquellos soldados que sufrieron estos arrestos ilegales, muertos en prisión debido al abandono de persona por parte del Estado Argentino.

A horas de presentar su proyecto, el diputado Corrotto es abordado por Lucila Drona, de la Secretaría de Derechos Humanos de San Néstor Carlos de Bariloche, quien le susurró que para sustentar esto deberían imputar a jueces y fiscales que servían a ordenes de su propia gente tiempo atrás. Corrotto, un altruista, manifestó que esas órdenes nunca habían sido efectuadas por el Líder Supremo, sino que había sido ideado por un traidor de la causa que además había sido espía para el Reino Unido e informante de un gobierno de facto, dueño de la fábrica de panqueques "El Horacito" hasta el final de sus días. El diputado Corrotto y la señora Lucila Drona consideraron que si hasta mediados del año 2015, unos 300 militares y policías habían muerto en cautiverio y más de mil habían sido encarcelados ilegalmente, un número estimado de fallecidos y perjudicados al año 2045 no sería menor a 25 millones de damnificados incluyendo a esposas e hijos de ex uniformados, cadetes de academias militares y policiales, empleados de limpieza que trabajaban en el edificio Libertad y el sodero que entregaba pedidos todos los miércoles a la mañana a un encargado (Hoy aún con Prisión Preventiva) en la puerta de servicio de Campo de Mayo. En un acto de cordura, el presidente del bloque del Frente para mi Bolsillo y esposo de Lucila Drona, Liber "Tino" Moderato convenció a ambos y estableció que el número de familias que se beneficiarían con este proyecto de ley oscilaría entre tres y cuatro mil. Una cifra aproximada podría encontrarse en la oficina de Objetos Perdidos "juez دانيال Rafecas"

Fueron imputados 172 Jueces y 350 fiscales, 59 de los cuales en el año 2015 eran alumnos de salitas de jardín de infantes como Máximo.

Quién realmente deambulaba disgustado por los pasillos de las cortes de la República Popular Argentina era el joven fiscal Luisin Vergogna -verdadero gestor del negocio- quien consideraba que un billón de dólares repartidos entre quien sabe cuántos políticos, periodistas y religiosos, solo significaría unos gastados billetes ingresando en su cuenta de ahorros del Banco Nacional Hija de Chivo.

Luego de unos meses, el joven fiscal se encontró en el mismo asfixiante departamento frente a la Plaza Ji Quiang, donde era peligroso llegar de noche debido a las bandas que merodeaban el lugar. Para conseguir algún que otro rial extra impartía clases en el Instituto Sandra Lafuente de Aprendizaje Veloz. Su gran lujo era llegar a fin de mes sin tener necesidad de ser uno más en las filas para comprar papel higiénico y arroz. De tanto en tanto, una mueca se dibujaba en su rostro cuando le alcanzaba para adquirir margarina y tomarse un café como mandan las reglas. "Pensar que en este país había animales que daban un jugo saludable y exquisito" solía decirle su padre.

Cansado de estar cansado y empujado por su colega y amigo el fiscal Boroto, Luisin Vergogna se reinventó.  Volvió a reflotar su pecado original, obligándose a sí mismo a encontrar un documento para probar que estos jueces y fiscales estaban amenazados debiendo obediencia a los poderes reinantes allá lejos y hace tiempo para cometer procedimientos antijurídicos. Finalmente el resultado de la búsqueda tuvo éxito. Su moral le ordenó que estos hombres de leyes merecían un resarcimiento económico y él, una adecuada comisión. Para expiarse de sus pecados se apoyó en una de las apotegmas del secretario judicial Martínez, aquel que viviera en décadas pasadas: "Cinco o seis personas dicen que me vieron cometer ilegalidades. Puedo traer a testificar miles que no me vieron"

A la lista de los 172 magistrados y 350 fiscales detenidos les sumó 55 jueces de línea que recibieron agresiones en estadios de balompié, un juez de paz y una corista que supo ser juez en un concurso de baile. Para que su negocio marchara de manera cristalina, el fiscal debería fabricar casos y arrestar a Corrotto, a Lucila Drona y a todos sus asistentes. "Cómo acusar sin pruebas, H.V" dejaba leer la calcomanía pegada en el lateral del video histórico que insertó en la vieja reproductora Made in Cuba, recién comprada. En escasas horas -ayudado por su Erika modelo 5- el plan emergió en unas pocas fojas de papel amarillento.

Otro día de mayo, mes en que se conmemoraba el cambio de nombre de la otrora ciudad de Buenos Aires, el joven fiscal se dirigió al edificio del Politburó a presentar su expediente. La barcaza de Air Pampas que hacía el trayecto entre Mao City y Tolosa, lo dejó tan cerca del inmueble que apenas tuvo que chapotear un par de metros entre las aguas.

El ruido del tecleo de las maquinas de escribir retumbaba en el espacio. Pidiendo la bendición, se hizo de hombros frente a la placa que agasajaba a los Padres Fundadores de la Argentina Nueva entre los que sobresalían "El Cuervo", "El Wado" y "El Chapeador" en letras plateadas.

 El fiscal apretó sus escritos bajo su axila y le dio un firme paso a su andar preguntándose qué sería de las vidas de los funcionarios que caerían por succión.

"No importa, en diez años serán víctimas" se dijo a sí mismo, despojándose de culpa y quitándose el stress del momento en la Sala de los Próceres, mientras observaba un cuadro de San Aníbal Domingo, Santo Patrono de las Blancas Nieves, a quién le guiñó un ojo con saludo cómplice. Junto a él descansaba el retrato de un ex presidente, quién miraba hacia la izquierda y a la derecha también.