Contestación a la Negativa de Prisión Domiciliaria para un imputado de una causa armada (O cómo sé que la doctora Mirta Susana Filipuzzi no leyó el caso)

 

Por Fabian Kussman

 

Los jueces subrogantes -y en el caso de Claudio Kussman ha habido siete, a un promedio de uno cada dos meses y cuatro días- llegan a esa suplencia y dormitan hasta que la misma se acaba. ¿Para qué meter un problema más en sus mochilas? El caso de la doctora Mirta Susana Filipuzzi no ha sido la excepción. De otra manera, no se entienden sus conceptos para la negativa de Prisión Domiciliaria (Por otra parte, era lo mínimo que podía hacer ante tantas aberraciones. Se esperaba excarcelación por falta de méritos y un pedido de disculpas que tendría que haber sido más que satisfactorio para la parte afectada) Aquí los motivos.

Riesgo de fuga

Año 2011: Claudio Kussman se entera del comienzo de la fabricación -muy burda, muy mal confeccionada- de una posible imputación, en un artículo periodístico firmado por el periodista Diego Martínez del diario Página 12, pero obviamente ideado por el ex fiscal Abel Córdoba, leyendo el mismo: “…Se trataría de Claudio Alejandro Kussman y está muerto” Con armas que los propios armadores de la falacia le

brindaban, un hombre con un grado de culpabilidad hubiera abandonado el país

y continuar su vida con una nueva identidad. Kussman muerto, Rey puesto.

Año 2011: Pero Kussman es un hombre de bien y lo ha sido toda su vida. Su moral,

sus principios y su inocencia lo hicieron viajar a Bahía Blanca, presentándose ante

las autoridades, dejando establecido que no estaba muerto, constatando su domicilio

y dejando a disposición sus números de teléfono.

Año 2014: Personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria se hace presente en el domicilio que Kussman había dicho que iba a estar, portando una orden de arresto mal confeccionada para lo que Kussman colaboró permitiéndoles el uso de su teléfono para así corregir la misma.

Yo entiendo que esto echa por tierra la pobre excusa de “riesgo de fuga” y borra ciertas huellas ante una posible inferencia de “no cooperación” con la investigación o con la “justicia”

70 años

Es cierto, esto es una facultad que posee la señora magistrado y no una obligación. ¿Si con esto basta para denegar un pedido de arresto domiciliario, Para qué adosó el tema de la salud? Es la excusa de nuestros jueces hoy: 70 Es la excusa de nuestros jueces hoy: 70 años y problemas de salud. Mientras nos refregamos los ojos al leer que violadores o narcotraficantes reciben el beneficio con edades de 65 o menos años, la barra se eleva cada vez más para presos políticos. Ruego por que los requerimientos no se transformen en 70 años Y problemas de salud Y estar embarazado.

Los problemas de salud de Claudio Kussman son diagnosticados con turnos que no se cumplen, con órdenes de ecografías en vez de tomografías, traslados médicos en verdaderas cámaras de tortura o traslados que no se producen por “olvidos” de autorizaciones del juzgado. Si esto es un tratamiento de tumores en el hígado que se van agrandando o curaciones de cáncer de una piel que ya tiene cicatrices en el ámbito carcelario invitaría a todos los magistrados a dar el ejemplo y vivir esa experiencia.

Desconocimiento

Para ser diplomático, sostiene mi teoría que la inclusión del artículo 18 de la Constitución Nacional por parte de la doctora Filipuzzi- (menciona que desde su detención se le ha dado estricto cumplimiento de ese artículo) El mismo reza: Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice.

Es decir, la ley anterior, los traslados en “perreras” y la salubridad de las cárceles da a lugar el desconocimiento de la causa por parte de esta juez federal. O al menos debería hacer un tour por la prisión de Ezeiza.  

Imputaciones

No las hay. Son fabricadas. Burdamente armadas. De acuerdo, esto afirmo yo, me remito entonces a la cédula de Prisión Preventiva. Allí, el obsecuente y poco brillante seudo juez Ulpiano Martínez trata de construir las evidencias.

Elemento de prueba 1: “El oficial Bluma, del Comando Radioeléctrico me arrestó” para comprobar esta prueba terminante Martínez adosa a la causa la foja de servicios de Kussman donde… no figura en ella ningún destino en dicho comando.

Durante las dos indagatorias -celebradas 19 y 25 días luego de su arresto- se registró la ausencia de juez o fiscales. Aun así, Kussman declaró en más de una docena de oportunidades que no perteneció a ningún Comando Radioeléctrico, trabajando si en la Unidad Regional V. Al no poder probar esta participación, Ulpiano Martínez -perdido en su propio laberinto- lo “traslada” a una oficina de Operaciones para finalmente preguntar: ¿Cómo dice Kussman que no trabajó en la Unidad Regional V, si la conoce tan bien?

Elemento de prueba 2: Una carta encontrada treinta años después de los hechos imputados y que el seudo juez Martínez “atribuye” a la madre de una de las víctimas de tortura diciendo que conoce el nombre de los torturadores. Ni la supuesta autora de la carta, ni la víctima de torturas mencionaron dicha carta o el nombre de Kussman ante tribunales o medios de prensa.

Elemento de prueba 3: “El testigo no identifica ni describe al oficial que lo arrestó, pero se infiere que es Kussman por haber trabajado en Bahía Blanca en el momento de los hechos” Ni yo, ni la juez Filipuzzi -si hubiera leído la causa- tenemos comentario para este alegato a menos que juntos podamos esbozar una sonrisa cómplice y juntos recomendar un buen especialista para el doctor Martínez.

Ya no queda tiempo. Claudio Kussman está muriendo en una prisión de Ezeiza. Es inocente y las pruebas en su contra son insostenibles. La grandeza de aquel que reconoce sus errores es invalorable. ¿Habrá aún grandeza?