El Pedido y la Promesa

 

 

Pocas cosas me ha pedido mi abuelo a lo largo de mi existencia. Que busque la felicidad, que camine por el sendero de la corrección y el respeto; y que pese al momento de pesadilla que está viviendo, que no me detenga. Que continúe con mi vida, que persiga mis objetivos.

En verdad, una vez analizado, estas máximas no son pedidos, son invitaciones a mi propio bienestar.

Sí lo hizo, al mencionar sobre un posible futuro: Que esto que él está sufriendo sobre sus espaldas, algún día acabará y la verdad encontrará la luz, y de imperar un resarcimiento económico, sería una gran bajeza aceptarlo. Y es cierto. No hay dinero que alcance para cubrir mis momentos sin él. Es ese un dinero manchado por un conflicto mezquino, con intereses creados por la más oscura ambición de las miserias humanas. sin otro propósito que la profunda avaricia de unos pocos mentirosos que por un puñado de dólares empeñan su integridad y trastornan los valores de su descendencia.

 

El ejemplo de mi abuelo sin dudas sentará una vara muy alta, pero es lo que me mantendrá de pie y con la vista erguida a lo largo de mi vida. Este espejo me obligará a no traicionarme ni traicionar a la gente. Esa gente que no siempre se conduce de la misma manera. Esa gente que miente sin detenerse a mirar a quien y a cuantos perjudican.

Aún soportando bofetadas, mi abuelo, Claudio Alejandro Kussman, mantiene su línea de conducta y estoy segura que si esta situación se revirtiera, el velaría porque estos delincuentes, estos pequeños hombrecitos, al menos tuvieran un trato digno y un juicio justo.

Sin sorprenderme, así es mi abuelo. No se trata de la clase de persona que es aquel que hace trampas, se trata de la clase de persona que él es.

 

María Kussman

Nieta de un Prisionero Ilegal en Argentina

Orgullosa de Claudio Alejandro Kussman

9 de Septiembre de 2015