PRISIONERO ILEGAL

Cuando el amor se expresa heroicamente

 

Ella

Los viejos camioneros que paraban a echarse un bocado en las proximidades de Olavarría, solían comentar que el cigarrillo era el mejor compañero de ruta. Ayuda a reflexionar, rememorar y es una alarma leve para no quedarse dormido. El calor intenso entre los dedos ofrece un seguro de vida similar al de un revolver con tres balas en su tambor. Pero María no fuma. Ha tratado de hacer un culto del respeto hacia ella y otros seres evitando el tabaco. Su alarma es la ruta y los baches de la ruta. La ruta y el extraño clima que se crea en la oscuridad. Esa niebla que no cesa y esa lluvia que no moja. La ruta y sus peligros, en pocas palabras. La desolación la ataca por momentos. Mucho ha sucedido y poco sucederá. María ya no se pregunta por qué esto nos pasa. La cruda realidad le abofetea las mejillas con una serie de respuestas que solo un monstruo puede concebir.

El paisaje no ayuda. Horas de guiar entre campos desiertos contrastan con grises intentos de viviendas que esbozan una bienvenida. Luego la espera. Allí ante los fríos muros que separan la sonrisa y la penumbra, María respira profundamente buscando encontrar su mejor versión. No hay tiempo y espacio. No hay sonidos ni silencio. El inconfundible canto de los cerrojos quiebran un distraído meneo . El abrazo y las caricias no pueden ser suplantadas por palabras. "Ha perdido peso, una vez más" -se dijo ella "Casi puedo rodear su humanidad toda con un solo brazo"

Entrelaza sus dedos con los de su esposo y se sientan a una mesa. Es como volver a conocerse, como la primera cita pero sin frases hechas o gustos por descubrir. Las preguntas ceremoniales sirven para dilatar la conversación sería, pero a su vez son preguntas importantes. En ellas se cruzan la salud de los animales, la casa, la salud, los árboles, la vida en soledad, la prisión. Comulga entre ambos una prosa ascendente cuyas frases pierden alegría y se transforman en esas preguntas que cientos de veces ambos se formularon y cientos de veces escucharon la respuesta del mutismo.

-Cuanto tiempo pasó desde que comunicaste lo del abogado? -dijo ella, sin soltar su mano.

 

El

Lech Walesa cierta vez dijo: "Siempre soy libre, incluso en prisión. Mis pensamientos, mis sueños y mis aspiraciones no pueden ser destruidos materialmente."

La libertad no se compra, pertenece y se merece; los errores deberían pagarse; la honestidad no debería ser aplaudida, al fin, es un fenómeno natural. La injusticia, aceptada, nos hace cómplices.

Claudio durmió muy poco esa noche. No era la cárcel lo que lo privó de conciliar el sueño, solo la preocupación de saber que su esposa debía recorrer cientos de kilómetros, hoy este día de visita, para llegar hasta él. De todas maneras se levanta temprano, es parte de su rutina. Cuando ingresa en el área de las duchas, intenta una laboriosa comparación: En las pequeñas cosas, su vida no ha cambiado. Adelantarse al amanecer, la lectura, las caminatas. En la gran vista, muy pocas veces en el campo de una biografía humana, un segmento en la vida de un hombre no podría ser tan épicamente errónea. No era el suyo el típico caso de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Ni siquiera ese tipo de causas en la cual el brillante abogado chasquea sus dedos y quiebra la patraña. Solo se trata de inhalar los residuos de un argumento acusatorio mal fabricado, en un sistema corrupto, en un territorio tan ruin que obliga a una mueca de sonrisa. Sale de las duchas y se siente aliviado. Su mujer aguardando que las pesadas puertas le permitan caminar, es un signo de que el viaje ha sido un éxito.

Entre otras, distingue la silueta de su esposa y esos pocos pasos que los separan son un túnel que se aparta de un invierno permanente. "Allí está" -pensó el Prisionero Ilegalmente encarcelado- "Siempre ha estado..."

El recorrió el pasado como si jugara con las páginas de un libro. "A lo largo de cada destino, preparó una mudanza y estuvimos juntos. La mejor forma de llevar adelante una dependencia es dedicándole horas y para eso, no hay que perderlas en viajes. Asimismo la familia es el cable a tierra, para no perder el rumbo cuando se ven o viven realidades humanas desagradables"

 

Recibe las manos de su esposa y se dejan caer junto una mesa. Es volver a presentarse, como la primera vez que se vieron pero sin la timidez, sin las preguntas de rigor, sin los silencios incómodos. El inicial cruce de saludos sirve para no tornar tan crudo el verdadero motivo de la visita. Ellos saben que deben ser prácticos y expeditivos. Las manecillas del reloj de la vida avanzan a un ritmo acelerado cuando se trata de un inocente tras las rejas. Ambos comprenden que el tiempo se apaga casi sin notarlo. En esta casa, que es la prisión, se pueden cantar dos himnos. Uno glorifica la resignación y sus cultores se evaden del último peregrinar en sus existencias. El otro, más rebelde, menos conformista, enaltece los valores de una especie de desobediencia civil. Han elegido esta, sin violencia, sin agravios, pero determinante en el instante de luchar ante la injusticia. Es el punto más alto de un romanticismo amoldado a las circunstancias y la mejor demostración de un amor que no tiene tiempo para perder.

-Cuanto tiempo pasó desde que comunicaste lo del abogado? -escuchó el, sin soltar su mano.

 

Hombro con hombro

María se hizo atrás con ese movimiento forzado para evitar levantarse y pender su abrigo en el respaldo de la silla. Esos sencillos muebles que le había llevado en su visita anterior lucían limpios y casi sin uso, como una especie de ofrenda. Allí descubrió un mensaje en el reverso del menaje: "El Tiempo nos hará libres" reza. Tiempo, esa magnitud que no solo mide la duración de un determinado fenómeno, también un final. Tiempo, esa expresión aterradora que indica que algo se hace en el momento oportuno o cuando todavía no es tarde. O que acaba.

Entre las muchas preguntas, es necesario anular las del estado de una persona en el encierro. Que cuestionar? Que esperar como réplica? Las sillas en los penales llevan escrito el apellido del interno como elemento de pertenencia, para evitar personalismos, él había estampado allí esa frase. Con objetos pequeños utilizaba la palabra "libertad", esa libertad que tiene. Los verdaderos presos son los que mienten. Aquellos que aplauden a otros mentirosos. Los oscuros que a la noche, luego de alabar, luego de sus cenas, luego de ver sus telenovelas, apoyan sus cabezas en una almohada aún sonriendo, pero las arrugas de sus vidas nunca se van a transformar en hierras de honor.

 -Cuanto tiempo pasó desde que comunicaste lo del abogado? -repitió la mujer, aceptando la leyenda en la silla, evitando exhibir la humedad de sus grandes ojos brillantes.

- Pasaron al día de hoy cuarenta y tres días exactos -dijo el hombre sin necesidad de recurrir a ninguna nota para ayudar su memoria -en el medio quedaron tres reiteraciones más, un mail vía Fabián, y un par de comunicaciones telefónicas a la defensoría oficial. Esta gente no disimula para nada su omnipotencia, casi totalitario de hoy. A eso le tenemos que agregar las deficiencias en los medios de comunicación, pese a la tecnologías existentes. De cualquier forma esto no tuvo influencia alguna ya que el problema es el poder judicial en sí, que directamente no responde. Se toman sus tiempos. Los tiempos legales no les interesan. 

-Te pregunto cómo puede ser que no te asignen un abogado desde entonces. Otra vez hacen lo que quieren. Tengo que pensar que no les importa cometer estas ilegalidades? -preguntó ella haciéndose hacia atrás, sabiendo que conocía la respuesta.

-Les importa tanto como los casi veinte días para la indagatoria, tomada por ARRECHEA, la contratada por la Secretaría de Derechos Humanos, recordarás? O los cuatro meses para ver al juez subrogante la primera vez y eso gracias a la solicitada. O los más de cinco meses para la prisión preventiva. Ni hablar de las erróneas barbaridades de la misma, no?  Esta gente sigue El Relato y un Código de Procedimiento Penal “K” propio. Bueno, te estoy aburriendo con algo que vos bien sabes...

Ella anegó con la cabeza. El laberinto se hacía cada vez más estrecho, la luz al final, más diminuta.

-Y si viajo a Bahía? -dispara María, haciéndose de hombros -viajo a Bahía Blanca y exijo una audiencia con el juez...

-¡No! -se alarmó su esposo -Ya te perjudiqué bastante. Te vas a enfrentar a alguien que se creé un Semi-Dios dueño de la vida y de la muerte, que si estuviéramos en un país de verdad posiblemente estaría preso. Si actuás emotivamente provocará que quedes  detenida y si actuas cerebralmente te va a quedar una frustración que te  enfermará mas. Están los “chicos” de USA que no le podemos agregar problemas  y las mascotas que no pueden quedar solas. Cuidá la retaguardia y esperemos el cambio de gobierno. Vos te tenés que ir del país -dijo sin titubear -Yo sentiría la misma tranquilidad que sentimos sabiendo que ellos están en un lugar civilizado, protegidos allá.        

 

Siente la furia azotándole el rostro tan violentamente como los primeros vientos de Mayo. No por la contestación de su marido, simplemente porque en sus pensamientos todo el daño que le están haciendo, todas las injusticias, las mentiras y la indiferencia se mezclan como un cáustico y explosivo cóctel que un impúdico borracho les trata de hacer beber. La actitud de la justicia les parece execrable y la cercanía de la libertad les sabe a entelequia. Aún así, no se permiten decirlo en voz alta.

Claudio es alto, de una tez blanca semejante al mármol. Sus hombros anchos, su modo de caminar, sus gestos al expresarse hablan de un hombre tranquilo. Su mirada, sin embargo, es la de un individuo enfrentando el amargo despertar. No es fácil penetrar en su cabeza. Las ideas claras son de siempre. La certidumbre de inalcanzables horizontes es nueva, es acerba, casi indisputable. Tal vez, este trance se transforma en desafío y es por ello que no se quiebra. Ni siquiera se inclina. Menos estará de rodillas.

La extraña mezcla de suizos e italianos hace que María luzca una extraña belleza,  más griega que de otras latitudes. Ella insiste, no es un tópico de conversación favorito, de manera inclemente se ha transformado en el único.

-La lentitud de la justicia me envenena. Cómo puede ser que la prisión preventiva este llena de inferencias y suposiciones? -demanda ella, sabiendo la revelación.

-Si fuera eso solo. Todo es una  aberración jurídica, mi legajo como prueba de cargo cuando sería de descargo.  Todo al revés, como llevaron el país en estos años. Simples delincuentes, con la percepción del bien y del mal totalmente distorsionada. Por otra parte es  lo que la mayoría eligió como forma de gobierno y no solo una vez no?

María escuchaba esto nuevamente. Desde hace mucho tiempo, allá entonces cuando era físicamente libre, Claudio solía repetir "Pareciera ser que este tipo de vida es el que queremos. De hecho, si así votamos, por algo será..."    

-Ahora lo de la corte... las ilegalidades de antes están bien, pero a partir de ahora todo eso fue ilegal? Qué bien que disfrazan todo...

Claudio sonrió y levantó la cabeza como si en el aire flotaran las voces de un Fayt, de un Darrow, de un Dershowitz intentando asistirle.

-Bueno, esto es simplemente otro hecho lamentable. La ley se subordina a intereses personales. Mientras las subrogancías estaban para los ex uniformados, por años y años, estuvieron bien. Ahora como le tocan a ellos no están bien. Se dieron que son anticonstitucionales, pero ratifican lo actuado. Es un contrasentido.

El almuerzo es una excusa. Pese a la soledad, las malas compañías que danzan sobre sus cabezas los rodean. No hay ánimo para disfrutar un bocado, pero el calor de los alimentos al menos los transporta al pasado en un hogar que ya no es tal. Los aromas son temporariamente reconfortantes, cambian el ambiente y cambian el diálogo.

-Las manchas en la piel...?

- En las sienes. Me arden. Veremos.

-No tendrías que haber cambiado el turno para el especialista de piel porque  yo te venía a visitar. Estás descuidándote! Ahora, que justo te dan el turno un día de visita... que justo! -exclama ella con sarcasmo. Las ironías de la vida cohabitan en las páginas de un manual de exterminio como las bacterias en una herida postergada.

-Mirá, nos vemos 12 horas al mes, como no voy a postergar lo del médico?  Yo he pedido que tengan en cuenta para los turnos que martes y jueves son mis días de visita y en el cuerpo médico, me dijeron que no pueden hacer nada al respecto. Con las expectativas de vernos y los preparativos que tenés que hacer para llegar acá, te voy a avisar la noche antes que nos vengas? Imposible. Lo que tenga que ser será.

 

Es abrumadora la despedida. Lo único rescatable de su visita es que María reconfirmó que la brújula moral de su marido está intacta y nunca le permitirá desnortarse. La coincidencia entre la afirmación y los hechos es una sola. Lo que es verdad, es verdad para unos y para otros. "En nuestro país no todos los perros son animales" -pensó María, mientras le dedicaba las primeras sonrisas de primavera, pero la última del día. 

 

Triste, solitario y final

Las puertas se cierran a sus espaldas. El sonido de los hierros se incrustan en su estómago como una cuchilla penetrando lentamente una plancha de cartón. En casi doce meses no se ha podido adaptar a esa obscena e incomprensible música que repiquetea sus oídos simulando el final de una batalla. Diezmada, pero no vencida, fija sus ojos en la ruta. Claudio camina sobre sus pasos y es testigo involuntario de otras despedidas. Silenciosas manos tocan rostros inacabados. Semblantes inconclusos reposan sobre suaves y prudentes extremidades. A su paso, las escenas se multiplican y desaparecen entre el gris de los muros como espectros sin destino. La tarde impía se aleja a prestar servicios en otros lares y todo vuelve a la anormal normalidad.

 

PrisioneroEnArgentina.com

Nov 18, 2015