Hasta luego, Christian Fritz...

22 de febrero del 2016

 

Querido Christian:

Te cuento que mañana me visitarán Mary y Gianni, el padre de tu "amigo del triciclo" . Estaremos sentados en el mismo lugar en la misma mesa que compartimos con vos cuando -con Gaspar- llegaron hasta nosotros el día de la Noche Buena pasada. Al igual que en esa oportunidad, nos aislaremos del bullicio que exista a nuestro alrededor y te estaremos recordando con tu sonrisa resplandeciente y tu fe en el futuro. Ese que te permitía vivir el día a día ayudando con toda la fuerza de tu espiritu y de tus 26 años de edad. Si logro imponerme y recupero mi libertad, te prometo que con Mary haremos lo propio. Llegaremos hasta donde esté Vilma, tu madre, a brindarle nuestro aliento por tu persona, y por lo que nos diste. Estoy seguro que donde estes, a través de quien te diera la vida y enseguida lo sabrás.

Un fuerte abrazo,

Claudio

Debo confesar que su mensaje me parecia ambiguo y presuntuoso, como el de aquellos tele-evangelistas que al fin de cada frase -con una sonrisa sin luz- exijen a sus seguidores abrir ampliamente sus billeteras. Pero el pedido de Christian no llegó. Nunca pedía nada a cambio. Ofrecía, y lograba que mi frente se ciñera ante las decisiones de un joven hombre que tenía todo para maldecir sin embargo, sonreía. Realmente, sonreía.

Christian era diferente para quienes no lo conocían y diferente para aquellos que lo rodeaban. Su dignidad y la penumbra eran rutas que nunca se unían en su andar. Portaba su pesar sin protestas, pero no permitía que otros sufrieran las bajezas de una sociedad cínica.

No conocí a Christian Fritz en demasía. Solo conversé con el un par de veces y cuando al fin dejé de lado mis prejuicios comprendí porqué era un ente felíz. Sus dificultades físicas y sus inconvenientes de salud eran bloqueados y diluidos por su familia y sus amigos. No conocí a Christian Fritz en demasía, pero creo que nunca hubiera cambiado sus afectos por otro cuerpo, por mejor sangre, por otra vida.  

Fabian