CARTA A UN DESAMPARADO

  

 

SU NOMBRE: JOSÉ

 

Poco se de ti José. Siempre te veo en el barrio. Dicen que sos un vecino nuevo que no hace mucho llegaste. Nadie sabe donde vivís exactamente. Se te ve generalmente cerca de la Iglesia cercana a donde vivo. Siempre rodeado de gente desconocida. Unos van y otros vienen.

Todos los días a las mañanas se te ve formando parte de una larga cola de gente a la espera de que tengas algún lugar en los anexos de la Iglesia para bañarte, asearte y presentarte mejor ante tus vecinos. Algunos te quieren, otros no. Tú bien lo sabes. Esta es la verdad aunque pueda ofenderte con mis palabras.

Bien lo sabes José, vivimos en una sociedad prejuiciosa, difícil de entender. No está en mí cambiarla por la fuerza. Solo puedo tratar de comprender que hay muchos que con la crisis han llegado a esta situación. Un amigo me decía que en la Argentina lo que a vos te aqueja podría ocurrirle a cualquiera. Nadie está exento.

Pese a que a muchos pueda no gustarle sos mi vecino. Mucho me hace verte  dormir a la intemperie en esos días fríos del invierno, debajo de la lluvia y a veces sin poder tomar algo caliente para combatir el frío. Tú caso no es el único José, lamentablemente. Pese a que los políticos hablan tanto de justicia social la brecha entre pobres y ricos es cada vez mayor.

Lo que yo siento José es lo que siente mucha gente que conozco y comparte estos mismos sentimientos. Podría haber sido el nombre del destinatario otra persona. Tú José ¿qué nombre llevas? ¿Es acaso una casualidad?, el nombre del padre de Jesús, debo agradecerte algo que me ha ayudado a valorar todo lo que tengo. Gracias por esa sonrisa pese a ver como vives. Esto no es fácil de olvidar.

 

Dr. Francisco Bénard