Carta Abierta al Presidente Mauricio Macri

Por Miguel O. Etchecolatz

Señor Presidente de la Nación Argentina:

 

Usted es una esperanza de honestidad y es por eso que comparto su gestión.

 

No busca popularidad, honor, ni gloria; solo espera unir a los argentinos con sanas políticas de diálogo, que son la base ignorada exprofeso, durante mas de una década por un gobierno corrupto.

 

Quiero dirigirme a usted en oportunidad de sentirme, por un momento, dueño de la vida que se me va extinguiendo.

 

Lo que expondré, difícil es creer que lo ignora. Usted posee el más formidable mecanismo de información.

 

Los derechos humanos son universales, pero en la Argentina de hoy algunos tienen licencia para matar, mientras que otros no tenemos derechos humanos.

 

Es inaceptable rendir culto a Dios, desconociendo o violando la justicia.

 

No se puede ignorar lo que es crisis o caos y meter la cabeza debajo del ala; es preciso animarse  e identificar correctamente el problema que agobia a los prisioneros políticos. Mejor dicho, a los prisioneros de guerra.

 

Miro a mi alrededor, veo y siento a seres humanos gravemente enfermos del alma, apagados o desesperados, sin esperanza por una luz de justicia, pesimistas, con el alma vestida de negro y con lentes oscuros. ¿Quién los liberará de este cuarto de muerte?

 

No es posible ya una mirada ingenua que no tome el peso del padecimiento ante tal abandono.

 

¿Qué tiene que ver esta forma de vida en cautiverio? Es injusta y escandalosa la repartición de justicia.

 

Esto es lo que se cuece cada día en mi corazón.

 

Dicho esto y en un intento por hallar remedio a esta situación, observo que existen fuertes corrientes que plantean caminos a reparar el valor ofendido.

 

Los organismos del Estado, que se supone deberían intervenir con premura ante nuestra situación inhumana, tambalean dejándonos en situación de abandono y este tipo colectivo de indiferencia nos coloca en la marginalidad.

 

No se trata únicamente del gastado predicamento enriquecido o de linda voz, indicando al organismo del caso. Porque de la boca al corazón muchas veces hay un largo camino.

 

Es vergonzoso esto de no mirar atrás.

 

No estoy pidiendo abrir las cárceles al estilo de Cámpora, solo pido que se cumpla la ley, que los mayores de 70 años puedan tener prision domiciliaria, que quienes precisan atención médica la tenga y que los Juicios de Venganza y Odio, puedan ser revisados.

 

Son burdos Tribunales Federales, populares con jueces Prevaricadores como Carlos Rozansky -que se jacta de haber impuesto la mayor cantidad de condenas a perpetuidad-.

 

Su gobierno habla de continuar con los juicios, y pregunto: ¿Con que juicios? ¿Los que se deserrollan con miembros de “Justicia Legítima”? ¿Violando todo principio del Derecho? Hoy gozan de libertad, Ustedes -gracias a mi y héroes muertos y olvidados; y peor aún, honran a sus asesinos.

 

Paso al tema que da motivo a esta exposición:

 

Tengo 87 años de edad, padezco una patología en avance con inminente riesgo de vida como lo confirman los médicos del Servicio Penitenciario Federal 1 de Ezeiza, donde estoy alojado.

 

Hay informes médicos forenses que los avalan.

 

Los facultativos piden que mi condena se efectúe en mi domicilio, debido a mi delicada salud.

 

Llevo 9 días de huelga de hambre rechazando alimentos sólidos y medicamentos, solo ingiero líquidos.

 

Cumplo 19 años privado de mi libertad y llevo 5 condenas a perpetuidad.

 

Señor Presidente:

                                  He visto y me doy cuenta que la situación es difícil para que usted tome la decisión de abordar el tema, pero aclaro que el problema a reparar no somos nosotros, sino el sistema judicial.

 

                                    Hoy, su intervención sería iluminadora.

 

                                    Dios lo guíe.

 

 

Miguel O. Etchecolatz

Comisario General (R)

Prisionero de Guerra

Agosto 4, 2016