LA CULTURA Y LA CIVILIZACIÓN.

La Guerra: continuidad y cambio.

(Diciembre 2001)

 

“Los ricos no están forzosamente seguros, los pobres no están necesariamente

inseguros, la mayoría no prevalece necesariamente, las minorías no fracasan

forzosamente. Lo que determina quién gana y quien pierde, quien está seguro

y quien en peligro es su ciencia, su estrategia.”

                                                        Sun Tsu, estratega chino, siglo V a. C.

 

 

La guerra es el conjunto de actividades organizadas, que emplean la fuerza para dominar la voluntad hostil de un enemigo e imponerle la propia.

En este sentido, guerra no es sinónimo de "operaciones militares". Para que haya guerra no se requiere una “declaración de guerra”, ni tampoco la existencia de una condición reconocida como "estado de guerra". La guerra puede ser librada por grupos controlados por el estado, por el estado o por grupos no estaduales.

El objetivo de la guerra no es necesariamente eliminar al enemigo. De hecho, la "cumbre de la habilidad" consiste en someterlo, sin eliminarlo. El enemigo estará sometido cuando se comporte de la forma en que nosotros -los agresores o defendidos- deseamos que se comporte. Para intentar someter una voluntad hostil, debemos tener un claro conocimiento de los específicos comportamientos no hostiles que intentamos imponer o de los comportamientos hostiles que deseamos impedir.

La naturaleza de lo que constituye una amenaza ha cambiado. Solíamos sentirnos amenazados por el poderío de una potencia extranjera, por sus armas y sus ejércitos.

En la actualidad nos sentimos amenazados por la reacción de la debilidad y del resentimiento de un actor propio o extranjero.

Pueden llevarnos a la violencia actores pobres y débiles o jóvenes y fuertes, inadaptados a las normas de la civilización en curso o transculturizados. Este hecho implica la total inversión de la ecuación ordinaria de poder. Los miedos aumentan en la medida en que aumenta el contacto con un mundo global. Los delitos que se cometen en el centro de la ciudad, se repiten en proximidades de nuestras casas. Todos estos problemas derivan de la Revolución de la Información, porque una revolución de esta naturaleza crea un mundo completamente nuevo.

Si queremos operar en este nuevo mundo, debemos percibir la dinámica de la información y de la guerra y, consecuentemente, actuar sobre esa realidad.

La primera civilización de la información sucumbió ante la primera globalización, hace diez mil años atrás, junto con el mamut lanudo, el visón gigante, el mastodonte y el tigre de dientes de sable. Había sido una forma de vida dominante durante miles y miles de años. En  las sucesivas civilizaciones, hasta alcanzar las más recientes, se produjeron globalizaciones en cada uno de aquellos momentos históricos. Progresivamente fueron más frecuentes y cada vez más amplias, hasta llegar al presente estadio planetario.

Las civilizaciones se basaron siempre en la información. Nuestros ancestros cazadores-recolectores, sobrevivieron gracias a lo que sabían y no a lo que poseían. Se adaptaron a su realidad circunstancial porque conocían el lugar dónde estarían los animales y el momento apropiado para recoger alimentos vegetales. El mundo que percibían era un mundo de abundancia, había recursos suficientes para todos. La condición social de un individuo se basaba en sus historias, canciones y conocimientos. No en lo que se poseía. No había guerras entre los cazadores-recolectores, puesto que:

1)      era imposible quitarle el conocimiento a otra persona por medio de la fuerza,

2)      poseían muy poco,

3)      lo que poseían, lo compartían.

   La extinción masiva de herbívoros hizo que repentinamente el mundo perceptible de la abundancia se transformara en un mundo perceptible de escasez. Hubo una hambruna masiva. No era suficiente saber dónde crecía alguna planta o por dónde pasarían los animales. Fue necesario poseer, controlar y restringir los recursos. La caza y la recolección se transformaron en un modo de vida marginal, practicado sólo por unos pocos.

La evolución comenzó a desarrollar culturas basadas en la posesión de bienes materiales y en no compartir la información. Quien con su fuerza podía quitarles cosas a otros, obtenía una mejor posición relativa.

   En el nuevo mundo perceptible -el mundo de la escasez- la seguridad se basaba en la posesión de bienes materiales. La gente utilizaba los conocimientos que poseía sobre las cosechas, para cultivar en el lugar apto: agricultura. Otros utilizaban sus conocimientos sobre los animales para reunir y domesticar manadas: pastoreo.  En ambos estilos de vida, la gente consolidaba su identidad como grupo y se sentían seguros, porque eran miembros de un grupo. El paradigma era la pertenencia al grupo.

La guerra fue y es una respuesta a la escasez. Sus formas reflejan el grado de escasez que cada grupo experimenta.

   Los nómadas atravesaron períodos de escasez y se convirtieron en guerreros. Aplicaban sus conocimientos en la cacería, referidos a cómo matar y reunir o dividir grupos, para matar y dispersar a sus oponentes.

Debido a que la escasez por la que atravesaban no era constante y dado que además no cultivaban, no sentían la necesidad de poseer un espacio físico. Por lo tanto, su forma de luchar era cruel y breve.

Es el origen remoto del actual terrorismo.

   Los agricultores se asentaron y cultivaron. Con el crecimiento de las poblaciones, comenzaron a experimentar la escasez de tierras y se expandieron a otros espacios, para ocupar más y más territorios.

Desarrollaron un estilo de guerra basado en la ocupación y defensa de una porción de territorio. Primero construyeron fortificaciones, probablemente contra los guerreros nómades y luego, con la aparición de una nueva tecnología de información -la escritura- construyeron ciudades e imperios. Se aferraron a la tierra, pues la riqueza provenía de ella.

Desarrollaron guerras defensivas y más tarde guerras imperiales.

Es el origen remoto de los imperios dominantes actuales, cuyo paradigma es EEUU.

La escasez conduce a la jerarquía. Los más fuertes pueden quitarles cosas a los más débiles. Pueden obtenerse tributos de extraños o de los miembros más débiles del grupo. Aquellos que tienen la capacidad de utilizar su información, su poder y su carisma para obtener una posición de liderazgo, pueden restringir los medios de supervivencia a los miembros del grupo perturbador.

   La transición entre los pequeños grupos de agricultores y las civilizaciones más complejas, comienza de la misma manera en todo el mundo. De pronto, uno de estos pequeños grupos de agricultores similares entre sí, tiene la capacidad de crecer y dominar a los grupos cercanos. Es capaz de elaborar proyectos de irrigación y de librar una guerra. Ese grupo posee alguno de los sistemas de símbolos: caracteres cuneiformes sumerios, jeroglíficos egipcios, sistema quipu incaico o caracteres chinos.

La escritura presenta una metáfora de organización que da lugar a la percepción de que las cosas pueden clasificarse y organizarse.

El paradigma de la clasificación y de la organización es  la “revolución de la información” actual.

   El sistema de símbolos posibilitó la administración: controlar la pertenencia al grupo e imponer contribuciones. El tamaño del grupo aumentó. Las contribuciones  tomaron la forma del servicio militar o del trabajo en proyectos del Estado.   Con la escritura surgieron la habilidad organizativa y la estructura de clases. La escritura presentó una metáfora ordenada y lineal. Los agrupamientos se dieron cuenta de que podían organizar las cosas y las personas de un modo mejor y más ordenado. Las cosas y las personas podían contarse y clasificarse. El historiador militar John Keegan señala que el poder militar de las primitivas sociedades hidráulicas no se basaba en ninguna superioridad tecnológica o de mano de obra, sino en la organización. La escritura se convirtió en un modo de mantener la información en “reserva”. Ciertos grupos podían dominar a otros, basándose en su superioridad para acceder a la información.

Con la escritura el acceso a la información se limitó a aquellos que sabían leer -la elite- y por lo tanto su poder quedó consolidado. Surgieron diferencias entre la manera de pensar de quienes sabían leer y quiénes no. Este hecho convalidó y perpetuó la estructura de clases. Eran importantes la identidad de la clase y la identidad del grupo.

Se desarrolló una elite dividida en tres partes:

* El rey, el faraón, el inca o cualquier otro gobernante político, considerado un Dios o un representante de Dios.

* Los gobernantes eran aconsejados por los sacerdotes y los escribas, que controlaban la información. A menudo se encargaban de los proyectos del Estado y de llevar el registro de los impuestos.

* El ejército defendía al grupo de ataques extranjeros y mantenía la población bajo control.

   Para estos grupos, el objetivo de la guerra era expandirse, conquistar más tierras, esclavizar y obtener tributos de los conquistados. Con aciertos y equivocaciones, conflictos con otras ciudades-estados y con los bárbaros (herederos de la tradición guerrera de los nómadas), esta visión del mundo y esta manera de vivir y de luchar se extendió por varias ciudades-estados y luego imperios, hasta culminar en el Oeste, con Roma.

   Se libraban guerras contra los pueblos nómadas o contra las otras ciudades-estados o imperios. El tipo de enemigo que debía enfrentarse influía en la manera en que se desarrollaba el ejército. Si la amenaza provenía de guerreros nómadas, se desarrollaba entonces una guerra defensiva, como sucedió en China, donde el énfasis se concentró en las estructuras defensivas (la Gran Muralla) y en la hostilidad hacia el invasor. La noción de batallas decisivas no evolucionó. Si la amenaza provenía de un igual, se intensificaban las tácticas y las estrategias y éstas evolucionaban. Si no existía tal amenaza, no era necesario entonces un gran desarrollo militar y, como sucedió con los Aztecas del Nuevo Mundo, la guerra se tornaba prácticamente ceremonial. La guerra no desapareció, porque la elite necesitaba controlar la violencia organizada en caso de una rebelión popular.

   Los nómadas mantuvieron una visión del mundo parecida a la de los cazadores-recolectores. Formaron grupos sociales relativamente igualitarios, basados en el parentesco, o mantuvieron alianzas entre los grupos dirigidos por un líder carismático. Hicieron la guerra utilizando sus conocimientos sobre cómo matar y reducir una manada de animales,  para enfrentarse con otros hombres. Con el correr del tiempo continuaron evolucionando. Inventaron el carro de guerra, la caballería y el estribo. Sus invenciones fueron adoptadas por aquellos a quienes atacaban. Los nómadas no sentían la necesidad de poseer una porción de territorio, porque los nómadas no cultivaban. Arribaban a un lugar, se apoderaban de lo que podían transportar y partían. Si los nómadas decidían establecerse y tenían éxito, adoptaban la estructura política existente en el lugar y formaban parte del sistema agrícola, como sucedió con los Normandos en Francia, los Jatos en las Islas Británicas, los Manchurianos en China.

Cuando los agricultores atacaron a los cazadores-recolectores o a los nómadas, el resultado fue el imperialismo. Cuando la línea de los nómades atacó a los cazadores-recolectores, el resultado fue la esclavización del vencido. Cuando la línea de los nómades atacaba a una sociedad similar, el perdedor era convertido en esclavo o debía pagar un tributo al ganador.

Sólo cuando los agricultores más experimentados se enfrentaron entre sí -tanto ofensiva como defensivamente- la naturaleza de la guerra “progresó”.

Si la línea de los nómades atacaba sorpresivamente a la línea de los agricultores, la sociedad agrícola defensiva desarrollaba fortificaciones más sofisticadas.

Si la línea de los agricultores competía con sus iguales, independientemente del resultado, se producía un notable aumento en el desarrollo de las tecnologías, tácticas, estrategias y de la organización militar.

La revolución en la producción y el traslado del poder económico desde Europa hacia los Estados Unidos, tuvo repercusiones políticas y militares. La evolución en el cambio social y en el cambio económico, hizo que la gente se sintiera insegura.

Las guerras constituían, en parte una cuestión económica y en parte una reacción conservadora por parte de aquellos que aún mantenían una identidad grupal-étnica-clasista, contra el mundo individualista-pluralista-cosmopolita, surgido de la Revolución de la Electricidad.

Las guerras de la Revolución de la Electricidad, por ejemplo la IIda. Guerra Mundial, se ganaron en la línea de la producción y en los laboratorios de investigación,  mucho más que en el campo de batalla. Y de esos laboratorios surgieron las tecnologías de la siguiente Revolución de la Información.

Ahora nos encontramos inmersos en otra Revolución de la Información y existen semejanzas con sus predecesoras.

La ecuación de poder se ha modificado, para beneficiar a la civilización de la información más intensiva. La Revolución de las Macro computadoras, al igual que la antigua Revolución de la Prensa y la antigua Revolución de la Electricidad, permitieron que las potencias dominantes -los Estados Unidos y la URSS- extendieran su control administrativo. La URSS no permitió la libertad de información o la libertad de la tecnología de información. Los Estados Unidos si lo hicieron.

Como consecuencia de ello, la industria electrónica de los Estados Unidos superó ampliamente la de la URSS.

   La esencia de la Revolución Digital, es el control local, descentralizado. El paradigma soviético del control central impidió que se originara la noción de una tecnología de información local. Como resultado, la economía soviética se derrumbó, debido a que sus sistemas productivo, ecológico y social, traspasaron los límites administrativos de su infraestructura de información.

Ese colapso, al igual que la caída de Roma, dio origen a una situación altamente competitiva entre los herederos de las tradiciones del Imperio Bizantino -quienes se encuentran inmersos aún en el paradigma de la identidad grupal- y aquellos que han heredado el paradigma de la individualidad y la competencia.

Hoy estamos en presencia de una nueva Guerra Mundial.

Aquellos viejos agricultores, convertidos en imperio global, frente a los nómadas actuales, innominados y dispersos en la totalidad del planeta, el crimen organizado y el terrorismo internacional. Es una lucha novedosa en su naturaleza y métodos y en sus macro consecuencias. Pero muy antigua en su estructura conceptual.

Hoy más que nunca debemos tener claridad conceptual estratégica. Ésta es atemporal y meta ideológica. Es la única forma en que podremos despejar la niebla de incertidumbre que envuelve a nuestra Argentina en profunda crisis estructural. Los arquetipos argentinos, como San Martín o Belgrano, nos aportan su sabiduría y claridad, nos dan la luz.

Nosotros tenemos el deber de recuperar los valores fundacionales de la Patria –la cultura-  y adaptarnos al mundo en presencia – la civilización-,  tal como es, dinámico y cambiante.

De lo contrario sucumbiremos, como aquellas civilizaciones primitivas que se negaron a entender, desde su cultura, la dinámica de la civilización impulsada por la Información y catalizada por la Guerra.

Por Heriberto J. Auel