“Deja que la comida sea tu medicina y la medicina, tu comida: cuida tus bacterias”.

Hipócrates

¿Tiene que ver esta frase con lo que  cada uno de Uds come? Si, seguro Usted -persona libre- tiene acceso a una buena dieta y cuida sus bacterias. Los residentes del hospital penitenciario no.
Quien decía: “Deja que la comida sea tu medicina y la medicina, tu comida.”  Hábitos, hábitos alimentarios lo decía hace siglos.
Somos el hogar de una gran colonia de bacterias amigables que conviven en simbiosis con nosotros. Ellas ejercen funciones indispensables para nosotros.
Bien, ahora, lo provisto por el servicio penitenciario federal (o algún proveedor de la misma) un trozo de pollo hervido, carne picada, cada tanto un trozo de piza con una pintada de tomate por arriba y una papa o un zapallo también hervido nos proveerá de los nutrientes necesarios. Por supuesto que no, deberían cambiar, y mejorar la alimentación de los internos.
Todo esto no se les provee: cereales y tubérculos(que, por supuesto, no son solamente papas). Arróz, avena, centeno…

Consumir verduras a diario y en todas las comidas principales, preferentemente enteras (no en puré) para preservar la fibra (prebiótico), y cocinadas, para disminuir el efecto flatulento.
Consumir fruta con moderación. Dada la cantidad de fructosa (azúcar) que contienen, no debemos excedernos en su consumo, así, se aconseja dar preferencia a frutas con fibra soluble (manzana, membrillo, higo, banana, pera, ciruela…)
Aumentar el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos Omega 3: aceite de oliva virgen extra, fruto secos.
Disminuir el consumo de proteínas de origen animal. En fin nutricionistas hay en las cárceles. Y nadie mejor que ellas/os pueden ordenar dietas y que se cumplan.
Muchos dirán, “Están en una cárcel” Justamente las cárceles deben ser Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice. Tal vez nos estemos olvidando de ese otro libro que está junto al calefón llamado Constitución Nacional.

 

Por María Ferreyra