¿Cómo frenar a los musulmanes radicalizados?

A raíz de la horribles masacres en Orlando y en San Bernardino, los candidatos presidenciales Hillary Clinton y Donald Trump, transmitieron sus condolencias a los familiares de las victimas y de alguna manera llevaron esto a sus respectivas campañas en las cuales, en general, se encontraban de acuerdo en un punto: la manera de mantener seguros a los estadounidenses de la radicalización “made in home” es seguir atacando al Estado Islámico (ISIS) en el Oriente Medio. Si el ganador de las elecciones cumple esta promesa, la amenaza de terrorismo interno auto-radicalizado es probable que continúe y posiblemente incluso empeore.

Tras un acto tan horrible de la violencia, es totalmente razonable que los líderes políticos busquen soluciones para calmar a una población asustada. Las personas necesitan saber que su gobierno va a resolver el problema y les mantendrá a salvo de los ataques futuros. Lo que es razonable, sin embargo, es que si en un intento por sonar seguro y tranquilizador, los líderes abogan por políticas que empeoran la situación.

En discursos posteriores al ataque, ambos candidatos les expresaron a los votantes lo que iban a hacer para resolver la amenaza del terrorismo yihadista. Clinton cree que la amenaza ya no se pudo contener. "Debemos derrotarla", dijo. El plan es mediante un esfuerzo de coalición en Siria e Irak que ya ha logrado avances y -como Presidente- impulsaría la idea de una campaña de ataques aéreos, lo que aceleraría el apoyo a los aliados que luchan en tierra para tomar y mantener el terreno.

Mientras tanto, Trump afirmó rotundamente que, si llegara a ser elegido como comandante en jefe, lo haría derrotando a ISIS en el extranjero.

Existe la creencia seductora que pelear fuera de los límites y en terreno enemigo significa que allí se agrupan todos los movimientos terroristas como si fuera un club de exploradores aguardando agrupadas la migración de las gaviotas y que, acabando con estos, el problema estaría finiquitado.

Más de cuarenta años atrás Oriana Fallaci arrojó una famosa frase que parece cruel y desmedida “Los musulmanes se reproducen como ratas” y siempre hablando de los fanáticos -y solo los fanáticos- hay un razonamiento puro detrás. El niño que crece observando a su padre viviendo de una inmerecida subvención, pensará -generalmente- que ese es un medio de vida adecuado. El niño musulmán cuyo padre murió por sus creencias religiosas o ideológicas, odiando y peleando contra el estilo de vida de occidente especulará que es acertado. El niño judío ultra ortodoxo que presencia a sus mayores escupiendo e insultando a una mujer por el solo hecho de usar pantalones masticará que esto es correcto. El niño sirio a cuya familia se le objeta un refugio político y enfrenta una vida llena de asperezas, madurará un odio inusitado contra quines le rechazaron. Todos ellos son potenciales terroristas del mañana a menos, claro, que empiecen a usar su pensamiento crítico.

Si los candidatos hacen este intento con empuje se enfrentarán a la experiencia trunca del pasado. Se ha hecho un gran esfuerzo en los últimos 25 años desde las primeras armas en Afganistán e Irán. Es claro que no se ha podido llevar a cabo una colonización occidental en ese terreno y destruir la ideología del Yihad no ha arrojado buenos frutos.

Si la idea es instalar en la mente de un joven yihadista radicalizado que en base a esfuerzo y trabajo puede ser exitoso y lograr millones de dólares a cambio de que renuncie a su idea de que, si perpetra un acto terrorista y en su cometido ofrenda su vida, en el cielo le aguardaran en recompensa setenta y dos vírgenes (o pasas de uva, según que traducción del Corán estemos leyendo) ya sería bueno enviar consultoras a medio oriente y comenzar con las encuestas.

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com

Julio 07, 2016