Día

9

Hoy se cumplen nueve días desde que la cámara de apelaciones de Bahía Blanca -por unanimidad- hiciera lugar a la apelación interpuesta por el doctor Gerardo Ibáñez y la doctora Carmen María Ibáñez, concediéndome el arresto domiciliario en contraposición a la negativa de la juez subrogante, en ese entonces, doctora Mirta Susana Filipuzzi y el secretario Leandro Massari.

 

Cinco meses de espera

Esta moción de prisión domiciliaria la había presentado por derecho propio en el mes de noviembre del año 2015. O sea, hace más de cinco meses cuando el juzgado estaba a cargo del magistrado subrogante y militante Alejo Ramos Padilla. En aquel momento, yo no tenía abogado defensor alguno. A este funcionario lo sucedió la doctora María Gabriela Marrón, quien se abstuvo de negar o conceder el pedido y pidió licencia por un año y medio.

 

Octavo Juez subrogante

Entre lentos trámites burocráticos, el octavo juez subrogante (Doctor Héctor Plou) postergó la remisión de una simple orden de traslado dirigido al Servicio Penitenciario. Realmente, día que pasa, día que me sorprendo y alarmo más ante esta actuación de “la justicia”.

 

La destrucción

Mi vida y la de mi esposa avanza en sus manos y en las de todos los jueces que le precedieron, hacia la destrucción. Sus fiscales subrogantes me “engarronaron”. No escuchan mis denuncias de delito de acción pública que comete la “justicia”. No respetan plazo legal alguno. No responden a mis solicitudes legales. Se subrogan estando a disposición de jueces de tránsito por quince, treinta o sesenta días no sabiendo -en consecuencia- nada de la causa. Me sometieron a tortura mediante agotamiento físico o el escarnio público, paseándome por todo el aeropuerto metropolitano, esposado, fuera de recorrido.

 

Cucaracha, sarna, gripe, bronquitis

Finalmente, la doctora Filipuzzi y el secretario Massari -por mi bien- me sacaron de un área de mediana seguridad y me trasladaron a una de máxima, lugar donde me requisaron todos mis elementos de esparcimiento, incluyendo un abrigo y un simple reloj. Si bien mis representantes legales me propusieron volver a la Unidad 31, no lo consideré necesario ya que pensaba que a la brevedad me iría a mi casa. De esta manera, permanezco casi todo el día encerrado en la celda 206, invadido por las cucarachas y tratando que otros prisioneros no me contagien sarna, gripe o las bronquitis que los afecta, mientras funcionarios judiciales, mañana domingo, ¿concurrirán a misa?

 

Pedir la baja

Sinceramente, al ver todo esto, de estar en actividad, pediría la baja ya que no podría ser auxiliar de una “justicia” de este tipo.

Una vez más, pido perdón a mi familia. En especial, a mi esposa que día a día va enfermando.

Hay momentos en que creo percibir un cambio y me invade la esperanza. En otros instantes, me gana la convicción que mientras esto siga así, va a ser muy difícil obtener justicia de verdad, para poder marcharnos legalmente del país, para olvidar tanta ilegalidad y abuso no merecido.

 

No nos callarán

Lo qué si se es que no nos van a callar, que siempre actuaremos dentro de la Ley y que nuestro comportamiento será limpio y transparente.

Yo quiero seguir mirando de frente, de pie, jamás de rodillas. Este será mi legado a Fabian, Florencia y quienes les sucedan.

 

Claudio Kussman

PrisioneroEnArgentina.com