Octubre 25, 2015

Día de Elecciones

en Miami

Si usted ha visitado Miami un par de veces, seguramente la conocerá mejor que yo que al dejarme caer por allí solo voy a lugares específicos y solo si es fuertemente necesario. Si Brickell Avenue ha estado a su paso, recordará los coquetos restaurantes que rodean el área donde se encuentra la Embajada Argentina en Miami. Llegar desde el norte, un día domingo de elecciones argentinas al Downtown de Miami no debería ser complejo, excepto que ese domingo, los Dolphins de football americano tengan un compromiso deportivo. Claro está que si sortea con eficacia la zona de acceso al estadio, le espera un viaje tranquilo a su destino final. Pero Miami se ha convertido en una ciudad muy grande, en una porción de tierra muy limitada. Ciertas veces uno se ve forzado a tomar desvíos que le hacen descender a un tercer mundo dentro del primer mundo. Solo recupera el aliento cuando vuelve a ver autopistas o la vista familiar de los pequeños negocios y pintorescos bares de Mary Brickell Village.

Una vez en ese ambiente, el estacionamiento es una nueva aventura que termina siempre en el sexto piso de un edificio de parqueos poco espaciosos. Por supuesto, su auto descansará en el único lugar en donde deberá abrir la puerta con sumo cuidado tratando de no impactar en al carro vecino y el elevador -con suerte- está a cien metros de distancia.

Caminar hacia 1101 Brickell Avenue se transforma en un lindo paseo, si el sol no estuviera a veinte metros de la cabeza. El decir de la gente -tal vez no, tal vez es mi invento- es que el sol del Caribe baña las playas de la ciudad y derrite con rapidez los cerebros de los turistas que -al guiar sus autos- descubren que deben doblar o cambiar de carril dos décimas de segundos después de lo normal.

Dos cosas me llamaron la atención al poner mis pies en el salón de entrada del pedazo de tierra argentino en Miami. Primero fue la buena atención de los empleados que buscaron mi nombre en la computadora, luego en una pizarra en la pared y con la mejor disposición me explicaron que aquellos que no estaban empadronados antes de junio no podían votar y no necesitaban pedir una 'excusa' por no haber votado. Es extraño ya que en mis documentos figura desde hace mucho tiempo mi domicilio en Estados Unidos. Esto no solo me ocurrió a mí. Otras personas que no habían avisado que estarían fuera de la Argentina en el día de la elección, tampoco pudieron emitir su derecho. De todas formas, la amabilidad reinó y envió bajo tierra mis preconceptos impuros. No debería comportarme de esta manera, pero -otra vez, mis pensamientos oscuros- sospecho que quien vive en Estados Unidos no tiene el perfil de un adepto a Daniel Scioli a menos que sea un entusiasta de las carreras de lanchas e le idolatrara a lo largo de las gestas deportivas. Tampoco es bueno generalizar, es convertirse en una consultora que interroga solamente a mil personas y decide la inclinación de una elección, pero en conversaciones fuera del edificio, intercambié frases con compatriotas que expresaban su adhesión por Mauricio Macri o -sorpresivamente, y no lo digo con sorna- por Margarita Stolbizer.  

Mi segunda impresión es que el argentino residente en Miami no ha perdido sus costumbres. Habita allí conservando sus raíces y usanzas como si aún estuviera en Argentina: "Las mejores empanadas están en un boliche en North Miami" o "Si buscás revistas argentinas, las conseguís en este lugar" -recomiendan. Muchos hablan un inglés limitado por decisión propia -sostengo- y se han cerrado en amistades hispanas. De todas maneras, una sonrisa amplia se instala en sus rostros al encontrar a un connacional, pese a que esta experiencia la vivirán todos los días. Otra vez, la maldita generalización.

A punto de abandonar el lugar, a horas del mediodía -No olvidar que el partido de semifinales del mundial de rugby no esperaría a televidentes ingratos- no pude excluirme ni cerrar mis oídos ante la plática de dos señoras. Una de ellas dejó escapar un gemido y expulsó las palabras poco mágicas y aterradoramente realistas: " Y...gane quien gane...!"

La mujer se sintió observada y me descubrió en esa acción. Ya era tarde para disfrazar mi intromisión.

"Y...gane quien gane...no va a pasar nada!" -repitió la mujer, dedicándome un arqueo de cejas que derrumbaría a cualquier aplaudidor obsecuente "Tengo 84 años. Viví en Montserrat hasta el 2008. Gane quien gane...!"

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com

1101 Brickel Ave.

Los votantes argentinos culminan su acto eleccionario

En el noveno piso de la avenida Brickel al 1100 funciona el Consulado Argentino en Miami.