De Prisionero a Prisionero

Estimado amigo HIDALGO

 

Hoy llegó a mis manos, luego de un muy largo recorrido en el tiempo, tu carta y tus escritos. Los sentimientos que me provocan tu mensaje, hace que considere importante subirla a la página como testimonio de estos injustos y oscuros tiempos que nos tocan vivir y sufrir. Si bien y como ya sabes, por ahora reniego de toda fe cristiana, en mi mesa de luz atesoro la biblia con “tufo” a Malvinas, que me obsequiaste al momento de  llevar adelante mi huelga de hambre y medicación.  Está junto a un Rosario y dos estampitas que me regalara días después un emblemático ETCHECOLAZ, cuando me trasladaron y aislaron en el Hospital Penitenciario Central. Seguramente al  aproximarse la hora del viaje sin retorno, me aferraré a estos sagrados símbolos y al recuerdo de mi familia. Por ahora la contienda en condiciones tan desfavorables no me deja lugar a la paz interior que los seres humanos necesitamos. Esta “gente” y los que hoy avalan el ilegal daño causado por los que solamente siembran odio y mentiras, no merecen tener un buen cristiano enfrente. Cuando te escuchaba decir, que como tal no guardabas rencor ni odio a quienes te habían sometido a vos y a tu familia a este mundo paralelo que es la prisión, admiré y respeté tu posición. Lamentablemente yo no poseo tantas convicciones espirituales para ello. Luego de muchos años de confrontar con  depredadores callejeros, me superó la acción e hipocresía criminal de los miembros de los 3 poderes que dicen estar orgullosos de su labor a favor de la verdad, la justicia y los DDHH.  Si el común de la gente viera en directo de lo que son capaces  estos “funcionarios”, por acción u omisión, seguramente muchos no pararían hasta cruzar la frontera y alejarse de este territorio llamado Argentina.   Me alegra mucho que finalmente luego de luchar durante más de TRES AÑOS consiguieras ser asistido de verdad por tu fatiga de combate en Malvinas. Esta negación, como  real  tortura que te han hecho, es imperdonable. Sé que  el tratamiento te ayudará y finalmente lograras convivir placenteramente con otros humanos. Es vergonzoso el desagradecimiento y abandono a quienes lucharon en Malvinas. Ello muestra en profundidad que para llegar a conformar una sociedad civilizada, todavía nos falta mucho. Creo que no me hubiera gustado haber peleado allá, es más, hoy mis convicciones por haber sido policía se están derrumbando. Dejé de querer a este país, percibo que ya no pertenezco más a él, solo es el lugar de mi prisión, en donde unos bandidos me retienen ilegalmente, mientras otros se hacen los distraídos.  Semanalmente llamo por teléfono a tu abnegada esposa y lamento estar imposibilitado de brindarle asistencia. Estoy en mi casa, pero también estoy en prisión.                                                                                                                                     

Agradeciendo todos tus buenos y cristianos deseos, te los retribuyo y te hago llegar un muy fuerte y cálido abrazo, esperando que pronto vuelvas con tus seres queridos.

 

CLAUDIO

 

PrisioneroEnArgentina.com

Agosto 20, 2016