Día del agricultor

EL AGRO EN CRISIS

(La historia nos revela que el campo debe ser cubierto y protegido por el Estado para que podamos ser una gran nación como querían nuestros antepasados a través de la historia).

Por

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

OPINIÓN

Que uno trabajara la tierra y que otro fuera su propietario ha traído problemas desde tiempos remotos. En Grecia las legislaciones de Catón y de Solón dieron un principio de solución -600 años antes de Cristo -, al impedir que al agricultor insolvente se lo esclavizara por deudas, aunque siguieron las luchas entre cultivadores y propietarios. En la Roma monárquica de los primeros siglos las tierras públicas (ager publicus) se otorgaban a los patricios, mientras los plebeyos recibían un campo apenas para subsistir, hasta que el rey Servio Tulio también permitió que la plebe accediera al agro. Luego los hermanos Graco se preocuparon por una mejor distribución y en tiempos de Julio César, con mayores conquistas, 47.000 legionarios recibieron sus buenas parcelas. En América, con la gran abundancia, el problema se presentaría distinto. Es ilustrativo un editorial de don Hipólito Vieytes publicado en su periódico, el “Semanario de agricultura, industria y comercio” el 21 de noviembre de 1804. Hablando de los campesinos, dice “déseles en propiedad aquella porción de tierra que se estime necesaria no sólo para su precisa subsistencia, sino también para que pueda de algún modo adelantar su fortuna por medio de su constante aplicación, pero príveseles enteramente el enajenarse de ella bajo pretexto alguno, concediéndoles únicamente el que puedan permutarla entre si cuando acomode a sus designios; Sea esta propiedad sagrada esté a cubierto de las interesadas miras del ambicioso que quiera echarse encima de este precioso patrimonio”. Notable concepto. La tierra se daría en propiedad, no en enfiteusis como dispondría Rivadavia años más tarde, pues era preciso afianzar al hombre en el territorio y darle motivos para amarla y mejorarla. En propiedad para que la trabaje, no para que la enajene "bajo pretexto alguno"; es de suponer que tampoco con motivo de hipotecas. Si la tierra no podría afianzar un préstamo, entonces ¿como obtendría dinero para trabajarla? Vieytes no lo explica pero puede suponerse la asistencia del crédito del Estado (no una retención confiscatoria e Inconstitucional), ya que también prevé que "sea respetada y atendida la queja del desdichado labrador, defendido “del soberbio orgullo del poderoso” y “establézcanse escuelas de agricultura en todas las parroquias”. Es decir que el fisco permanecería atento a su buen desempeño además de otorgarle la propiedad de la tierra. Desde entonces muchas políticas agrarias hubo. Ojalá hoy se conservara el propósito de que el campesino sea propietario y “a cubierto del ambicioso que quiera echársele encima” (la historia nos revela que el campo debe ser cubierto y protegido por el Estado para que podamos ser una gran nación como querían nuestros antepasados a través de la historia).