EL ENEMIGO

 

En la guerra, se llama “enemigo” a los integrantes de la Fuerza Armada, que lucha contra nosotros.

 

EL ENEMIGO, EN LA GUERRA

CONVENCIONAL

 

  Dado que la lucha es a muerte, todas las

doctrinas militares, sostienen la necesidad

de identificar al enemigo, en cualquier lugar

que fuere. Como esto no se ha considerado

suficiente, las Convenciones de Ginebra, dan

precisiones. 

 

 En las citadas convenciones, preocupada por hacer “deportivo” la lucha a muerte, pone pocas y lúcidas especificaciones: En el campo de combate, debe utilizar un signo distintivo fijo y fácil de reconocer a distancia e ir ostensiblemente armado. Nadie puede combatir usando el uniforme del enemigo. Si lo hace, incita al engaño. Nadie vestido de civil, puede operar contra el enemigo. Y en este caso, lo denomina con su nombre propio: partisano.

 

  Por este motivo, en la conducción de la guerra, el área de inteligencia, se preocupa más que todo en lo que el enemigo va a hacer o en localizar a éste[1]. Da por hecho que está identificado. Claro, esto se ha manifestado así, en la guerra convencional. Si la guerra es entre China y Japón, está claro que el enemigo es para el primero el segundo y al revés. Y en el campo de combate, los uniformes diferentes, el signo distintivo fijo y fácil y la ostentación del armamento justifica el enfrentamiento armado sin engaños ni errores.

 

EL ENEMIGO, EN LAS GUERRILLAS DESDE ANTAÑO

 

  Cuando operan, las guerrillas se ajustan a todas las normas que hemos indicado anteriormente. Su diferencia es que al finalizar la operación, visten de civil y tratan de disimularse dentro de la población. Esto último, la hace muy útil, cuando actúa contra ejércitos invasores, dentro de su propio territorio, donde la población, también es enemiga del invasor, y la cobija.[2]

 

El área de inteligencia, asume una nueva y grave responsabilidad: identificar a los guerrilleros cuando no operan, para poder infiltrarlos y obtener información sobre lo que proyectan hacer. Hay que tener en cuenta, que carecen de aparato logístico, y con ello, no son detectables a partir de  éste. En el caso de un invasor, esto es muy difícil porque la población también es enemiga. Pero a la vez, no es difícil detectar al “enemigo”. Es toda la población, y con mayor agudeza, la banda guerrillera.

 

 De ahí el rotundo fracaso francés con su doctrina del “quadrillaje”. Indochina y Argelia son una demostración. Luego vendieron bien su doctrina a países carentes de lúcidos “estrategas”, y con ello solo demostraron que no les servía más. Tampoco les sirvió a los EEUU, que la quisieron aplicar en Vietnam, y el resultado fue el fracaso absoluto.

 

EL ENEMIGO PARA LAS BANDAS TERRORISTAS

 

  Pero de la vereda de enfrente, los guerrilleros descubrieron que ser terrorista era un mejor negocio. Entonces abandonaron los uniformes y los signos distintivos. Fue partisano. El engaño se transformó en norma, y el “enemigo” perdió identidad. Esto en un país invadido encuentra las mejores posibilidades, dado que la población alimenta al terrorista, proporcionando integrantes, ayuda logística, refugio y hasta colaborando.

 

  Y el mundo sigue avanzando. Lamentablemente también en lo malo. El accionar terrorista, que triunfa ante los ejércitos regulares invasores, descubre que su “modus operandi”, es  exitoso también en países que no son invadidos.

 

  EL ENEMIGO EN LA GUERRA CIVIL[3]

 

  La guerra civil, no puede encontrar “enemigos” en la  nacionalidad. Es una guerra entre connacionales, sumando los habitantes extranjeros que normalmente son en baja propor-ción. Por lo tanto hay un ejército regular con sus signos distintivos, que puede estar fracturado en dos o más partes, pero con la misma simbología. Y el terrorismo se transforma en un arma letal, inidentificable. Pero en este caso, aparece un nuevo ingrediente en esta trágica “ensalada”: la población.

 

 El militar simplista, considerándose lógico, define al “enemigo” como la persona que no está con él. Por lo tanto toda persona que es indiferente, tibio, dubitativo, o crítico de él; es enemigo. ¡Al diablo con la convención de Ginebra! Y hasta fracciones del aparato militar, dejan su uniforme y lo que identifica; y se viste también de civil.

 

  Por supuesto, los terroristas auténticos partisanos, “están en su salsa”. Para ellos, todos los que no piensan como ellos son “enemigos”. Y estos tampoco lucen distintivos. Es una guerra entre “ciegos” donde la operación es sorprender, mediante el engaño, “caiga quien caiga”, siempre que lo hagan ellos.

 

 ¿Y la inteligencia que hace? Tomar la población, donde sabe que está el enemigo, y buscarlo a partir de detectar indicios, que ayuden a identificarlos. A su vez, los terroristas corren con otra ventaja. El aparato gubernamental no puede vivir en forma confundible. Vive con sus familias, gente normal, sale para sus lugares de trabajo todos los días. Es fácil de identificar. Hasta usan uniformes.

 

   Los terroristas viven con identidades falsas, con actividades laborales ajenas a su accionar terrorista, que es esporádico.

 

  Pero esto no es el motivo de este trabajo. En realidad es una explicación ligera e incompleta de lo que es una guerra terrorista subversiva.

 

LA POST GUERRA TERRORISTA

 

  El drama nos permite introducirnos en una post guerra terrorista, y más cuando éstos han fundamentado su lucha en una inspiración “corta y larga”, llamada  ”marxismo”.

 

  Políticamente todo lo que dice el marxismo carece de originalidad. Lo pueden decir muchos inspirados en otras ideas del más variado cuño. Es meramente una gran capacidad de crítica. Además hábil en hacerla emotiva. Esto la hace “larga”, en consecuencia “confundible”, con cualquier pensamiento.

 

   Lo que difiere de otras miradas, es la famosa triada hegeliana que el marxismo ha logrado modificar con su reconocida habilidad para cambiar el orden de las cosas, y lo llama: “dialéctica materialista”. Y esta en sí, origina consecuencias notablemente diferentes. Mientras los hegelianos lo manejaron en el plano de las ideas, los marxistas lo insertaron en los grupos sociales. Y “con toda lógica” descubrieron la “lucha de clases”. Y en la lucha de clases, el odio es el motor de su dialéctica que identifica a la “revolución”con “el enfrentamiento violento entre grupos humanos, buscando el poder”. Esto deviene luego en la “dictadura del proletariado” un punto final, el techo de la obtención del poder. ¿Para qué? Para gobernar a su gusto. Ese gobernar sin tiempo y sin paz, eterniza la violencia a muerte contra el “enemigo”. Y la palabra “enemigo” subsiste aun ingresando a la paz:  los que no piensan como ellos.

 

 Pero el motor es la “corta”. El odio virulento, emotivo, que proyecta en sus acciones, propio de pocas maneras de pensar, contra el “enemigo” por su nacimiento, por su formación y por lo que piensa, o el parámetro que elija.

 

  No hay discrepancias a su pensamiento, que puede ser confundido con el liberalismo, el fascismo, el nacional socialismo, el socialismo, el cristianismo, y desde el siglo XX, con la legítima aspiración de muchas naciones, de alcanzar la liberación nacional. La discrepancia es sostener lo opuesto de lo que dicen. O decir lo mismo que ellos, pero partiendo de otro pensamiento. Un marxista puede utilizar desde el poder, cualquier pensamiento. Basta que lo diga su bando, y se inserta en la “metodología científica”. Por lo tanto, ¿qué es marxismo? Sencillamente lo que dice un marxista. Y si lo dice alguien que no lo es, es descalificado “ideológicamente”.

 

  Con esto, se convierte en el “maestro del “entrismo”.  Se puede ser peronista y marxista. O cristiano y marxista. O liberal y marxista. Y socialista de todo “cuño”.

 

   Y su capacidad de “odio” halla en la protesta social, en el descontento popular, en toda lucha por causas que reflejan las aspiraciones de las naciones dependientes, un campo fértil para “la lucha de clases” que internacionalizadas, promete una guerra mundial no declarada ni reconocida.

 

 Quienes abrazan la postura marxista, como un virus, diseminan en la sociedad, “la lucha revolucionaria” hasta en las cosas más nimias.

 

  La liberación de la mujer implica considerar al hombre un “enemigo”. Es la débil que ama y odia al otro componente aunque se convierta en el padre de sus hijos, en el amor necesario para proyectar todo futuro familiar. El único homicidio, es matar a una mujer. Y toma nombre propio: femicidio. No hay “masculinicidio”

 

   La pretensión del “estudiante” de exigir al profesor lo que éste le debe enseñar.

 

El hincha de fútbol que puede ver al de otro club, como el “enemigo” que hace razonable que “barras bravas” posibiliten su “aniquilamiento”. La competencia en todos los órdenes, que ve “a un enemigo a derrotar”.

 

   El cura que quiere manejar a su obispo declarando sus discrepancias a las cuales éste debe subordinarse.

 

   El general que quiere manejar a su nación, desconociendo las instituciones de su país.

 

  La dirigencia política, que solo puede decir lo que trae votos, siempre que esto no lo diga quien compite con ellos.

 

   La picardía, una manifestación humana de cierta habilidad psicológica para burlar la voluntad de otros, haya su justificación en la “enemistad” hacia la víctima de ella. Y esta ejemplificación podría hacerse interminable.

 

   Este virus, inoculado sutilmente, logra su desarrollo “natural” y encuentra su manifestación humana en toda población. Por supuesto, esto también puede hacer víctima al antimarxista, que viendo marxismo en todos lados, se convierte en un nuevo luchador de clases, esta vez contra todo y contra todos. Hay enemigos en todos lados, y solo puede ser amigo, quien hace lo que él piensa que debe hacer

 

  Ya en este punto no existe más identificaciones. El enemigo puede ser cualquiera y por cualquier motivo.

 

EL ENEMIGO EN LA POBLACIÓN AFECTADA POR EL ODIO MARXISTA

 

  Se convierte en una sociedad “utilitaria”. Si alguien me sirve lo incorporo a mi “clase” y está obligado a luchar contra la otra clase. No interesa el contenido del pensamiento. No interesan los fundamentos, que en función de odio, son normalmente emotivos. En estas condiciones, un antídoto que es el “diálogo” es imposible de lograr. Hay que tener en cuenta que el diálogo impone el convencimiento de que habrá cosas que ceder. Es difícil un diálogo que permita que los dos interlocutores terminen asumiendo el 100% de la postura del otro. Y si esto no se logra, se cede solo ante el poder, la fuerza, y con esperanza de volver a la lucha cuando las condiciones se hagan más favorable.

 

EL AMOR ES TAMBIÉN CONVERTIBLE EN ODIO

 

O el amado se convierte en lo que el otro quiere, o se convierte en enemigo. La “lucha de clases” solo se termina en la “dictadura de uno sobre otro”. Esto para el marxista, a diferencia de Hegel, cierra el ciclo de la triada[4]. Es el triunfo de la “revolución”: el sometimiento de unos a otros. Por supuesto, es el triunfo de las ideas revolucionarias del triunfador que somete al enemigo a su voluntad. Y con ello, termina la lucha y desaparecería el “enemigo”. Claro que la existencia de las “internas” pueden hacer interminable la necesaria “dictadura” y con ello, el mantenimiento del “enemigo”. Este solo puede desaparecer convertido en “sumiso”.

 

 Un ejemplo, que en la Argentina contemporánea, es notable, ha sido y puede seguir siendo el “montonerismo” en su variante “kichnerista”.

 

  El “odio” es tan virulento, que no se ha detenido ni antes las estatuas.[5] El “odio” al campo tanto ganadero como agrícola. El “odio” hacia el mundo financiero, el “odio” hacia las empresas, pero con numerosas excepciones, si las empresas son “montoneristas”. La corrupción ínsita en el kichnerismo los impulsó a la teoría del capital nacional. En realidad la corrupción es una variante del robo.  Si se quiere hacer la revolución, se necesita dinero. No importa la manera de conseguirlo. Su destino es el justificativo moral del dolo, que emotivamente se denominará “recuperación”, Esta teoría apunta a acumular riqueza que luego se distribuye entre testaferros, o adeptos fieles que aceptan el mando de los Kichner. Claro, que mientras no se llegue a la “revolución”, es fortuna personal. Y si se logra, también.

 

 De este modo, ha surgido en la Argentina, un nuevo grupo económico que aspira a ocupar el puesto de los Born o de Fortabat. Pero a diferencia de estos, buscando la “tiranía monto-nerista” que mediante la “venganza” somete, humilla y destroza a quienes son enemigos

 

 Una de los objetivos del montonerismo ha sido las organizaciones de la Nación dedicadas a la defensa de la misma y las dedicadas a la seguridad. Las ha sometido mediante la difamación, la humillación, condenándolas al rincón de los deshechos, aun a costa de la indefensión del país y de la seguridad de su población.

 

  Un ejemplo de este accionar se ha manifestado en el “plan de exterminio”, para aniquilar a  los que lucharon contra el terrorismo de “los 70”. En este, la obra maestra se encuentra en la construcción de muros entre los presos y la población.

 

  Ese costoso muro, se ha desarrollado en la imposibilidad de que los primeros y los que viven sus dramas, puedan hacer conocer la verdadera situación a su población. Y esto permite, que ésta solo conozca la versión “kichnerista”. Son los caníbales de hoy, comiéndose los caníbales de ayer, y para hacer grande el número, juntando muchos que solo fueron militares, policias, gendarmes, prefectos, penitenciarios, que aún hoy no salen de su asombro.

 

    Y se materializa en los medios de difusión, decididos a impedir que la población conozca los numerosos mensajes que relatan la situación de esa “población penal” que encierra a muchos que no han tenido nada que ver con los delitos que se le suponen, y otros que no han tenido oportunidad de explicar el motivo y el cuadro real de situación que los envolvió para cometer acciones ayer, que son delitos hoy, y que de todos modos están fuera de toda legislación penal acorde a Derecho.

 

  Lo más trágico, es que en vez de sacar enseñanzas que capaciten a las Fuerzas, para que de repetirse los tristes hechos de la tragedia terrorista de la década del 70, no se vuelva a incurrir en las mismas transgresiones, se busca que el aislamiento, mantenga a la población “informada”  de las maldades de unos, contra épicos jóvenes, que tampoco han hablado de las fabulosas fortunas, amontonadas en cientos de secuestros extorsivos, ni de los “beneficios” al país gracias a miles de crímenes cometidos sobre modestos policías para robarles el arma, o la ejecución “mafiosa” de oficiales del Ejército, o  la siembra de  arte-factos explosivos, muchos poderosos con los cuales generaron la muerte de personal de las FFAA, FFSS y FFPP y también de numerosos pobladores, sembrando lisiados y dolores insanables en los seres queridos de los mismos.

 

  El país, muy lentamente, entre 1983/2003 estaba saliendo de las consecuencia de la relación “amigo – enemigo”. El montonerismo, en su versión kichnerista, logró con éxito recrear la tragedia terrorista, mediante un plan de exterminio, vigente hasta la fecha.

 

  Logró convertir en “caníbal” a la Justicia y al Derecho. Logró silenciar a los medios de comunicación, que asumieron sus mensajes, para lograr el exterminio buscado. Ese exterminio que la viuda de Kichner con un odio exultante, lo resumió en: “Que se pudran en la cárcel”. Y esto lo decidió no por que hayan violado derechos humanos, sino porque eran su enemigo.

 

  Esto no es la apología de los 70. Se han violado derechos humanos. Habría que auscultar seriamente los motivos de esto, que no aparecieron en 1970, sino que vienen desde mucho más atrás. Han sido “usos y costumbres que nos impondría remontarnos a 1810, y quizás seguir más atrás. “Usos y costumbres” que deben ser definitivamente desterrados. Pero esto no lo hizo el “montonerismo”. Continuó los “usos y costumbres”, revirtiendo su aplicación sobre las estructuras de defensa y de seguridad de la nación.

 

  Hoy estamos seguros, que si la tragedia se repitiera, los “usos y costumbres” serían reeditados desde todos lados.  Quizás nadie aprendió nada.

 

 Y el pueblo, ese “convidado de piedra” que siempre es víctima en los efectos de la cruenta relación amigo – enemigo esté desinformado de que continúan los usos solo que cambiando de lado.   

 

 

 

[1]    Que es un grupo colectivo: un batallón, un regimiento, etc. No está buscando enemigos individuales.

 

[2]    Caso típico en las guerras coloniales, desarrolladas por las potencias mundiales.

 

[3]    Para la Convención de Ginebra, art. 3, “conflicto armado no internacional. Para el militar post II guerra mundial, “guerra interna.

 

[4]      Tesis, antítesis, síntesis

 

[5]    ¡Pobre Colón! Y existe el riesgo de la estatua de Roca.

Por Carlos A. Españadero