Esta mañana, terminé una hora antes del usual dictado académico diario de Video-Conferencia, a la *UNIVERSITÉ de MANAGEMENT de SUISSE*, y en modo de distensión, abrí mi anaquel, y di con una obra muy antigua que relata la siguiente reseña que me pareció importante compartirlas con los lectores del diario “Prisioneros en la Argentina”

 

Adentrando al desarrollo de lo antes dicho, escribiré de un personaje con seguridad muchos de Ustedes pueden haberlo olvidado, o ni siquiera conocerlo.

 

Víctor Lustig, nació en ‘1.890 en lo que hoy es la República Checa. De pequeño estudió idiomas, y además estudió a las personas. Platicaba cinco idiomas y poseía una vasta cultura general…

“Sus hábitos, manierismos y, sobre todo, sus debilidades, por lo que decidió hacer algo en ese campo”

Temerario y desvergonzado, siempre fue enemigo de la violencia, sobre todo después de aquel incidente de los 19 años, cuando en Austria conoció a una dama muy gentil…

“El esposo de la señora que entabló una corta relación, le cortó la cara con un estilete”

A los veinte años, fue acusado de estafador. A los treinta, era el hombre más buscado por la policía en distintos países europeos. Huyó a los Estados Unidos donde se hizo llamar “el Conde”, ya que así sonaba como alguien importante.

En ‘1.925 Lustig, viajó a París con su amigo Dámper Dan. Ambos tenían la necesidad de dinero y justo leyeron en el periódico que la Torre Eiffel necesitaba ser reparada.

Algunos incluso decían que lo mejor era tirar abajo la estructura de 985 pies. Casi de inmediato Lustig pensó un plan, vender el más famoso icono de París a un chatarrero. Se auto-adjudicó a sí mismo el título de “Director General Adjunto del Ministerio de Correos y Telégrafos” y Dámper Dan sería su secretario.

Escribieron cartas con el título de Lustig impreso y las envió a los cinco principales comerciantes de chatarra de París. Se les pidió que se reunieran con Lustig y su secretario en su habitación del prestigioso Hotel Crayón. A los compradores se les dijo que la reparación de la Torre Eiffel resultaba demasiado costosa y que las 7.000 toneladas de acero de la torre se pondrían a la venta al mejor postor.

También se les pidió mantener en secreto el encuentro, ya que si la gente se enterara demasiado pronto habría un clamor popular. El importe de las ofertas no era lo importante para Lustig. Este habló con cada potencial cliente y eligió el que tenía más probabilidades de caer en la estafa, aquel que parece más decidido con tirar adelante con la operación.

Una semana más tarde la víctima elegida, el señor Poisson, se presentó en el lugar de Lustig. Se le entregó un contrato falso que decía que él era el nuevo propietario de la Torre Eiffel, mientras que entregaba un cheque auténtico a Lustig. Éste y Dámper Dan, cobraron rápidamente sus ganancias y rápidamente huyeron de Francia por Austria.

Lustig, nunca dijo lo que le pagaron por la principal atracción turística de Francia. Descansó en Viena donde rastreó los periódicos para ver si de Poisson llegó a ir a la policía, no lo hizo. Poisson estaba demasiado avergonzado para decirle a nadie lo sucedido. Después de un mes de vacaciones, Lustig y Dámper Dan, decidieron hacerlo de nuevo.

Esta vez se utilizaron las mismas técnicas, no obstante, tuvieron distintos resultados. El chatarrero al que timaron informó a la policía sobre la estafa de $ 100.000.

Una vez más, Lustig huyó a América.

Lustig, tuvo la osadía de engañar al mismísimo *Al Capone*, el más peligroso criminal de los Estados Unidos de ese momento. Sabía que al rey del crimen no se le podía tratar como a los demás así que pensó en algo especial para él.

El nombre de Lustig, había llegado a Capone por boca de algunos capitalistas de juego de Chicago. Le dijeron que el conde era un hábil inversionista y que tal vez valdría la oportunidad de recibirlo unos minutos…

“Sabía que al *rey del crimen* no se le podía tratar como a los demás así que pensó en algo especial para él”

El conde Víctor Lustig se paró delante de una gran puerta de doble hoja custodiada por un hombre tan alto como robusto, de nariz achatada. El guardia la abrió de *par en par* y se hizo a un costado. El conde se quitó el sombrero de ala ancha y avanzó. Llevaba un traje beige oscuro, corbata al tono y camisa de seda grabada. No era muy alto, tenía los ojos vivarachos, el cabello cortado al estilo militar y una cicatriz desde el extremo del ojo izquierdo que descendía hasta el lóbulo de la oreja.

Su anfitrión estaba sentado en un sillón que parecía un trono, situado en una esquina de la habitación, al lado de un alto velador. No pronunció palabra, sólo fumaba un cigarro interminable. Él también tenía una cicatriz en la cara. Miró a Víctor directo a los ojos y, el conde tragó saliva…

*El dueño de la mansión era Al Capone*

Capone se sintió atraído por los modales y el lenguaje de noble europeo de Víctor, especialmente por la propuesta que traía. Lo que hizo Lustig, fue requerir a Capone que participara con 50.000 dólares en una estafa en la que dijo estar trabajando, prometiéndole duplicar su dinero en sesenta días.

Lo que hizo Lustig, fue requerir a Capone que participara con 50.000 dólares en una estafa en la que dijo estar trabajando, prometiéndole duplicar su dinero en sesenta días.

*Al* se levantó, caminó hacia un armario, sacó unos fajos de billetes y se plantó frente al conde, que permanecía de pie.

—Aquí hay 50 de los grandes, le indicó. Son todos mis ahorros. Espero que tengan familia, ¿CAPICHI?

—Jawohl, míster Capone. Avranno figle machi. Sí, señor Capone. Tendrán hijos varones, contestó Lustig, mezclando alemán, inglés e italiano.

Capone le dio el dinero, no sin advertirle de lo que le sucedería a Lustig si le hacía alguna jugada.

Lustig hizo un ingreso del dinero en un banco durante sesenta días. Cuando terminó el plazo, le dijo a Capone que cancelaba la operación porque no parecía fiable, justo antes de Capone empezara a sospechar, así que Lustig le devolvió los 50.000 dólares. Éste quedó tan impresionado con la honestidad de Lustig que le recompensó con mil dólares…

“Siendo eso exactamente lo que esperaba Lustig que, Capone hiciera desde el primer momento”

El riesgo lo hacía sentir bien y en Chicago lo experimentó al máximo con Al Capone.

Al Capone le entregó a Víctor 50.000 dólares para que los duplicara en la bolsa de valores. En cambio, los puso en una caja de seguridad.

A los dos meses se volvieron a encontrar. El conde se disculpó amargamente por el fracaso de su operación bursátil. Dijo que había perdido el dinero de Capone y también el suyo. Estaba quebrado.

La reunión se realizó en el mismo lugar que la primera, una habitación del Hotel Lexington. Capone miraba para cualquier lado y se iba poniendo morado. Empezó a hablar de las diferentes formas de torturar a un hombre, del tiempo que tardaba la víctima en morir según la habilidad del verdugo para prolongarle la agonía.

Víctor lo interrumpió…

—Míster Capone, Usted ha tenido confianza en mí y yo lo defraudé. No soy un miserable y le voy a devolver su dinero. Si uno de sus hombres me acompaña al banco, retiraré dinero de mi caja de seguridad para Usted.

Al rato el conde le devolvió el dinero, sin que Capone supiera que eran sus propios 50.000 dólares. Víctor, antes de irse, repitió con tono de velorio que ahora sí estaba arruinado…

“Capone separó 5.000 dólares y se los dio como una ayuda”

La estafa consistía precisamente en eso. Víctor nunca estuvo detrás de los 50.000 dólares, sino de la "ayuda" que, estaba seguro, le daría Capone cuando él representase su papel de víctima.

Había adquirido un profundo conocimiento del espíritu humano y una habilidad extraordinaria para representar cualquier papel, llegó a tener 25 identidades, y ganarse la confianza de los demás, sea quien fuese.

Luego Reconoció un maestro, Nick-y Artstein, uno de los más famosos jugadores profesionales del siglo XX, experto en fraudes y engaños. Con él desarrolló su talento para el bridge, el póker y el billar, viajó por los siete mares en lujosos cruceros, esquilmando a nobles y potentados en las mesas de juego.

Estando de regreso en París, y leyendo un periódico lo soltó de golpe y se incorporó…

"¡Eso es!, le dijo al asombrado Collins”

Contrató a un falsificador y se hizo hacer sellos y papelería del gobierno. Obtuvo los nombres de los chatarreros más importantes de París y eligió a cinco. Les envió una carta con membrete oficial otorgándoles una cita en el Hotel Crayón para un contrato con el gobierno y firmó como subdirector general del Ministére de Postes et Telégraphes.

Hizo preparar una sala especial en el Crayón y recibió a los interesados, a quienes agasajó a cuerpo de rey. Víctor les explicó que mantener la *Torre Eiffel* era imposible para el gobierno y que se había decidido venderla. El comprador debía tirarla abajo y disponer de las 7.000 toneladas de chatarra. El negocio sería para el que hiciese la mejor oferta.

Subrayó que esta decisión era, por el momento, confidencial y que apelaba a la responsabilidad de los postulantes para mantenerla en secreto. Se temía que el público protestara por la desaparición de uno de sus orgullos nacionales, con sus 300 metros, la torre era por entonces la construcción más alta del mundo.

Los chatarreros hicieron sus ofertas cuatro días después. Lustig no eligió al que había hecho la más alta sino al que creyó más vulnerable, “André Poisson”.

Víctor sabía todo de él. Que era ambicioso y que tenía un agujero financiero. El negocio de la Torre Eiffel le vendría como anillo al dedo. Además, le permitiría seguir manteniendo la costosa relación con Lo-relee, una hermosa Dama corista de 20 años.

El conde le comunicó a Poisson que tenía las mayores posibilidades de ganar la licitación, eso sí había que sortear un problemita. Entonces le habló de lo difícil que era la vida de un funcionario y que la carga de decidir quién haría tratos con el Estado no se veía compensada económicamente. Poisson entendió al instante. Era lo habitual en éste tipo de negocios.

A las pocas horas, pagó personalmente a Víctor una suculenta *recompensa*, cuyo monto jamás se conoció. El conde abandonó París rumbo a Austria.

Cuando Poisson se dio cuenta de la artimaña, avergonzado, prefirió no hacer ninguna denuncia.

Después de cuatro meses, Víctor se sintió seguro y regresó a París. Volvió a citar a otros chatarreros, repitió todos los pasos y vendió la torre por segunda vez. Recibió otro millonario soborno, y ahora, al descubrirse el fraude, sí hubo denuncia y el conde huyó hacia los Estados Unidos.

"No entiendo a la gente honesta. Llevan vidas vacías, llenas de aburrimiento, solía comentar”

En los Estados Unidos se aclimató enseguida. En ‘1.926 ganó casi 200.000 dólares vendiendo a empresarios unas cajitas para fabricar billetes. *Otro fraude*.

Esta vez en América, el brazo de la ley alcanzó a Lustig intentando pasar dólares falsos. En ‘1.935 fue condenado a veinte años de cárcel en Alcatraz, donde murió de neumonía en ‘1.947. Si bien en la cárcel, fue el protegido de otro  famoso preso, “Al Capone”.

Lustig, fue apresado en ‘1.934 por falsificar 134 millones de dólares. Le dieron 20 años y lo enviaron a la *isla-prisión de Alcatraz*. Ahí se volvió a encontrar con Capone, ya condenado por evadir impuestos.

No hubo resentimientos.

—Debiste haber sido mi abogado, le soltó Capone.

—No, en realidad, debí haber sido tu contador, respondió el conde.

Lustig contrajo neumonía y murió en Alcatraz el 9 de marzo de ‘1.947, a los 57 años.

Cuando llenaron su ficha el guardia se detuvo en un casillero, el de ocupación.

Dubitativo puso…

 

"Vendedor"

“HISTORIAS DE VIDA”

 

“El hombre que engañó a Al Capone y vendió

la Torre Eiffel dos veces”

Por Hugo José Naranjo

Dr. HUGO JOSÉ NARANJO

 

U.S.: PRONTO LE DAJARÉ A VUESTRA VISTA UNA HSTORIA DE VIDA CONTEMPORÁNEA, DE UNA MALHECHORA QUE POR HOY LES ADELANTO UNA INDICIO…

“REINA CRISTINA, NO ME CATALOGUE, NO SOY UN OBJETO. NO ME ETIQUETE, NO SOY SU REO. NO ME ACUSE, NO ES MI FISCAL. NO ME CONDENE, NO ES MI JUEZ. NO ME ENMARQUE, NO SOY UN CUADRO. NO ME DEFINA, NO SOY UN MISTERIO. NO ME MINIMICE, SE LLEVARÁ UNA SORPRESA.*TRÁTEME BIEN, Y YO LE TRATARÉ BIEN*

*Elogios de la seriedad*

H.N./e.d.l.s.

-El Pulso del Columnista, fan de los contenidos con convicción irrebatible-

-Y escritor de cartas y narraciones de sueños –

“Pasión-Paciencia-Perseverancia”

“Él nunca pudo tener una vida familiar, una pareja, no le concernía hacer mucho contacto con otras personas y era bastante reservado para sí mismo”

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”

“Doctorado honoris causa y Máster - MBA Nacional e International.

“Executive en Dirección de Proyectos y Empresas”

-Soy Nadie -