Por

JORGE BERNABE LOBO ARAGON

 

 

JUSTICIA POR MANO PROPIA

El caso extravagante para no olvidar del

Comisario Mario Oscar Ferreyra.

 

 

La opinión de quien suscribe y en su función de Fiscal en lo penal le requirió Prisión Preventiva y la Elevación a Juicio Oral en la causa de “laguna de Robles”

 

Mario Oscar Ferreyra, alias el “Malevo” nació el 17 de junio de 1945, en Los Pereyra, Cruz Alta, al este de Tucumán. Cuando tenía 18 años, en 1963, entró en la Policía. Durante la dictadura militar estuvo dos años y cinco meses en situación pasiva, acusado de matar sin razón, según las crónicas de ese tiempo. En 1986, ya en plena democracia, se le imputó el crimen del conocido delincuente Enrique “Prode” Correa, pero la Justicia consideró que no había pruebas en su contra y lo absolvió. Un año después, cuando ya era jefe de Robos y Hurtos, en la policía de Tucumán, protagonizó un tiroteo en el acceso Norte, durante el cual murieron dos miembros del clan “Gardelito”, clan que en su momento luchaba con la mafia de los “Ale” hoy con sus principales integrantes con prisión preventiva dictada por la Justicia Federal. En 1988 se lo acusó de la muerte de otro “Gardelito”, Daniel Carrizo quien había sido torturado en un calabozo de la Brigada, aunque tampoco hubo pruebas para condenar a Ferreyra. En enero de 1990 lo nombraron jefe de la Dirección General de Investigaciones y dos meses después se puso al frente de una revuelta policial que exigía mejores salarios al gobernador del momento José Domato. El 10 de octubre de 1991 en Laguna de Robles fueron asesinados tres presuntos delincuentes: José “Coco” Menéndez, Hugo “Yegua Verde” Vera y Ricardo “El Pelao” Andrada. Ferreyra aseguró que se había tratado de un enfrentamiento y que las víctimas habían formado parte de una peligrosa banda de asaltantes. El 30 de noviembre de ese mismo año denunció públicamente que nueve comisarios utilizaban la Policía en provecho propio, afirmó que tenían “ambiciones desmedidas” y aseguró que se estaban enriqueciendo ilícitamente. Al otro día, Ferreyra fue pasado a disponibilidad. Una semana después, uno de los comisarios a los que Ferreyra había denunciado, Alberto Ignacio Alcaraz (quien luego sería jefe de Policía), afirmó que lo de Laguna de Robles había sido una ejecución, versión que fue apoyada por el agente Luis Dino Miranda, quien había formado parte del grupo del “Malevo”. El 9 de diciembre, Ferreyra y sus hombres se entregaron a la Justicia. El juicio comenzó el 26 de noviembre de 1993. El 14 de diciembre, “El Malevo” se hizo conocido en todo el país. Ese día lo condenaron a prisión perpetua y él se atrincheró en la Alcaidía de Tribunales. Había entrado vestido de traje, pero cuando salió ya se había colocado su característica camisa negra y su sombrero Panamá. En una mano llevaba una granada. Sin que nadie lo interceptara cruzó la calle y escapó. La fuga duró 79 días. El 3 de marzo de 1994 fue rodeado por policías en Zorro Muerto, Santiago del Estero y se entregó. En 1996 se fijó la pena en su contra en 20 años de prisión. El 17 de setiembre de 1988 comenzó a disfrutar del permiso extra muro para trabajar. Pero el beneficio no duró mucho. El 22 de diciembre de ese mismo año fue condenado a seis años de prisión por la fuga. El último incidente serio que lo tuvo como protagonista ocurrió el 23 de abril de 2006, cuando, junto con su esposa, fue denunciado por una vecina de San Andrés, María del Valle Acosta, quien dijo haber sido amenazada y que los acusados habían destrozado su casa a raíz de una disputa por la colocación de un alambrado. Se lo acusó por amenazas de muerte y tenencia de armas, aunque él, al declarar, dijo ser inocente. El juez de la causa decidió enviar al “Malevo” a juicio. Pero Ferreyra se mató en frente de las cámaras de CRÓNICA TV antes de sentarse en el banquillo de los acusados. La situación del Malevo Ferreyra para quien suscribe esta publicación y que además fue fiscal en el caso, no fue un tema político. Se trató de una cuestión de derecho, no de política. Su situación era una cuestión de derecho. La justicia ha investigado los antecedentes, lo ha encontrado culpable de tres homicidios y lo ha condenado a prisión. Eso está claro. También es cierto que se trataba de un individuo simpático, al que se lo considera inocente y limpio de muchas corrupciones que se habrían generalizado en ciertos ambientes. Pero el caso es que “en su momento se a desgraciado”, que es como se dice en el campo para dejar a salvo la buena conciencia con que alguien se siente obligado a cometer algún delito. Muchos imaginan que él hizo esas muertes con la conciencia limpia, nada más que por haberle tocado hallarse en sus circunstancias. Ha tenido la desgracia de verse en una situación y de que su conciencia lo impulsara a actuar del modo en que lo hizo. Pero a las conciencias las juzga Dios. Los jueces se limitan al delito. Verificado el delito, tres homicidios, se lo ha condenado. Buena parte de la población lo miró con simpatía porque, aunque al margen de la ley, se jugó la vida tratando de hacer justicia, se jugó en favor del orden, defendió las buenas causas aunque cometiendo errores en la forma. Estas consideraciones – acertadas o no – provocan gratitud, impulsan la simpatía de la gente buena. Pero los impulsos afectivos deben ser apartados del derecho, como se apartan también las espontáneas antipatías: muchísimos quisieran que sin más trámite se condenara a muchos delincuentes por hechos execrables cometidos con total impunidad y alevosía, pero la justicia no puede hacerlo sin antes establecer si es verdaderamente culpable o no. El de Ferreyra es el caso inverso: muchos deseaban que se verificara su inocencia. Pero la justicia lo encontró culpable. Las simpatías y antipatías deben quedar al margen. Se ha dicho que Ferreyra cumplió debidamente con la ley. Este es un error muy grave. No cumplió con la ley, a eso se lo ha establecido debidamente en los tribunales, está fuera de duda. Puede pensarse que “‘quiso”’ cumplir debidamente con la ley, en lo que seguramente estaremos acertados, pero lo cierto, lo verificado, lo juzgado es que no cumplió con las leyes. Por eso se lo condenó. Es triste para cualquier ser humano ver las imágenes vertidas en su momento por los medios de prensa que estaban cumpliendo y cubriendo una función que le ha sido asignada, pero entiendo que cuando se producen situaciones en donde estamos ante presencia de un hombre distinto, especial (se debería tomar los recaudos necesarios para actuar con mucha prudencia), y su desenlace hubiera sido absolutamente distinto. Con una notificación personal y sin la presencia de todo un operativo, a la causa se le hubiera dado un curso legal mas razonable. Por eso Administrar justicia implica no solamente saber de memoria el código de fondo o de forma, sino la de tener idoneidad y experiencia para tratar casos especiales con la debida diligencia. Nunca debe olvidarse “justicia es dar a cada uno lo que le corresponde”.

 

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN.

Setiembre 15, 2016

“EL MALEVO FERREYRA”

 TUCUMAN

ARGENTINA