El Peculado

Por

Jorge B. Lobo Aragón

MALVERSACIÓN DE CAUDALES PÚBLICOS

OPINIÓN:

 

En estos tiempos aciagos en donde existe un desfile de funcionarios de distintas jerarquías y jurisdicciones acusados, procesados y condenados por delitos contra la administración pública se me viene a la mente El peculado que es un delito olvidado. Lamentablemente olvidado como ilícito. Ahora parece lo normal. Los romanos le llamaban pecus a la oveja y demás ganado, símbolo de riqueza, y pecunia al dinero efectivo, a la plata. Siendo pecunia el dinero, peculio se le llamó en general a la riqueza, aunque en particular peculio era la riqueza que reunía un esclavo; el esclavo ganaba un peculio economizando de su comida, o trabajando después de la tarea dada por su amo. Peculado se le dijo al hurto de los bienes de los esclavos o, en general, a la sisa –sustracción-, de caudales públicos hecha por quien debe administrarlos. El que le roba a un esclavo era un canalla; el que le hurta o roba al Estado nos saquea a todos.

Ya hubo distintas reacciones populares en contra del peculado. El pueblo pretendió castigar a los que -mediante negociados, dietas exageradas, nombramientos de ñoquis, comisiones para financiar campañas electorales- se quedaron con sus dineros. Pero siempre queda en saco roto Muchas veces se condena moralmente a todo el sistema por vérselo envuelto en el mismo peculado.

Pero después, lamentablemente el pueblo levanta la pena votando por los mismos partidos de los que habían surgido los condenados. Esta actitud no es nueva. Ya Don Rodolfo Irazusta, en un artículo publicado en "La Nueva República", nos advertía que la opinión pública, en aquellos tiempos, ya estaba curada de espanto. "Sabe de sobra que la corrupción administrativa es la regla gubernamental en el orden nacional como en el provincial. Los escándalos no son otra cosa que liquidaciones temporales provocadas por las alternativas políticas y cuyas consecuencias mayores llegan hasta la destitución y temporal encarcelamiento de algún modesto funcionario. El argentino se queda tan tranquilo cuando le notifican que los encargados de velar por su vida, su hacienda y su salud son unos delincuentes como si eso ocurriera en la luna". Se pregunta la razón de esta indiferencia, extrañísima pues el más repugnante de los delitos que comete un funcionario es el peculado. ¿Una corrupción colectiva del sentido moral? Algo de eso podría haber, aunque Irazusta recordara la reacción moral que lo desplazó a Juárez Celman en el 90. Lo supone al peculado una lógica consecuencia del sufragio universal. Los electores saben lo que ellos harían si gobernaran. El voto traduce su interés inmediato. "¿Qué extraña que no se asombre de que los ungidos del sufragio hagan lo que él hubiera hecho?". Actualmente la impunidad reinante es casi general. "si, reinante" porque no solo se encuentra muy difundida sino que también impera en amplios sectores de la sociedad, en la jamás alcanzo los alarmantes niveles que adquiere en la actualidad, y lo que es peor, el grado de resignación, de tolerancia y hasta de paciente aceptación con el que se la ve en estos día. Nihil novi sub Solé (no hay nada nuevo bajo el sol).Si. Ya lo sabemos y tenemos derecho a manifestar esa angustia y adherirnos al clamor público. A la justicia ordinaria no se la teme, se la supone inocua (todo el mundo “confía en la justicia”; muchos, en realidad, confían en su torpeza), pero se sospecha que los funcionarios imputados tienen poder, tienen fuerza. Hoy tenemos hechos patentes y visibles que están inquietados a la opinión pública poniéndola a la prensa en estado de constante vigilancia. Eso es bueno y saludable. Si la opinión pública no reacciona en contra del abuso y la arbitrariedad será muy difícil que se pudiera hacer algo. Y si efectivamente reacciona tendrá por delante una larga lucha, ya que las corporaciones y asociaciones no renuncian fácilmente a las conquistas que ella ha realizado. Pero entiendo que es una lucha que vale la pena librarse pues en ella se juega el destino de la patria de nuestros hijos. Lamentablemente la crisis en la Justicia se agudiza cada vez más. “Una justicia lenta no es Justicia".