Algunas Tribulaciones, una Sonrisa y el Geriátrico Forzado

Por Claudio Kussman                                                                                                                                                                            Agosto 6, 2015

 

 

UN LARGO VIAJE

 

El 4 de agosto de 2015, fue un día con pequeñas grandes novedades positivas a nivel de un Prisionero en Argentina (en este caso yo) y por supuesto también una negativa.

Entre las primeras, diré que luego de un difícil viaje desde Pinamar, transportando un colchón, elementos de higiene y comestibles permitidos,  una vez más me visitó mi esposa,  por lo que pudimos así compartir seis entrañables horas de nuestras vidas.

 

NADA MAS QUE UN COLCHÓN

 

Luego de trámites, negativas, marchas y contramarchas, finalmente había obtenido la autorización para el ingreso de un colchón de marca, que pude utilizar a la noche. Esto es un hecho intrascendente en la vida normal, no así en una prisión. Lo colchones estatales (creo que de espuma de nylon) de muy mala calidad y baja densidad, tienen una duración de 2 meses. Luego uno apoya el cuerpo, casi directamente contra las tablas de la cama. Yo  había suplementado el provisto, agregando cartones y 2 mantas mías, pero casi sin darme cuenta, los permanentes dolores lumbares, en los últimos 10 días,  me habían impedido realizar la acostumbradas caminatas diarias, en el salón de los 55 pasos Esto  pese a la ingestión de calmantes.  Espero normalizarme y volver a realizarlas a la brevedad, el descanso sin dolor,  fue realmente placentero. Este problema se hace sentir sin solución alguna, entre el resto de los prisioneros.

 

HEPATITIS B

 

Mary, mi esposa, también  pudo ingresar (luego de la correspondientes autorizaciones y certificados médicos)  la primera dosis de la vacuna contra la Hepatitis B y lo increíble; me la aplicaron en horas de la tarde (normalmente se  tarda de 2 a 3 días para lograrlo, con la consiguiente duda sobre la cadena de frio ). Nosotros los prisioneros, al igual que el personal penitenciario, estamos  dentro de los grupos de alto riesgo de infección, de este virus, mas si tenemos en cuenta que convivimos con colonias de cucarachas.

 

UN VERDADERO GERIÁTRICO

 

Lo no positivo fue que a raíz de traslados que se produjeron, de 19 prisioneros en este pabellón bajamos a 17, pero en las primeras a la noche ingresó un Comisario Mayor ( R ) de la Policía Federal, detenidos horas antes. Este tiene 85 años de edad, ( a menos de 24 horas de su llegada se cayó, delante mío produciéndose un hematoma en  su brazo izquierdo y una rodilla) con lo cual hoy nuestro pabellón 19, tiene 2 prisioneros de 85 años de edad. De este total de 18,  2 utilizan bastón y uno andador para ir al baño y recibir visita, el resto del tiempo guarda cama. También hay  algunos con graves problemas auditivos, o dificultades por estar en recuperación de ACV, así que estamos nuevamente inmersos en un verdadero geriátrico. Lo positivo es que existe  buena predisposición para ayudar a quienes tienen dificultades, mas teniendo en cuenta que este Policía Federal, recién ingresado, lo hizo sin equipamiento alguno y en el país solo tiene a su esposa que también tiene 85 años de edad  y enfermedades varias por supuesto.

 

GERONTES INCAPACITADOS

Estos prisioneros de edad tan avanzada, sufren caídas muy frecuentemente, cuando se desplazan. Si estuvieran dentro de un entorno de delincuentes comunes y por consiguiente jóvenes, por supuesto no sobrevivirían, ya que inclusive hay que ayudarlos para que hagan llamadas telefónicas, higienizarse, etc. A esta altura, repaso las líneas escritas y no puedo dejar de recordar a  la señora ADRIANA TABOADA y sus mentiras. Por supuesto también me pregunto, que sentirán los miembros de  la “justicia”, deteniendo gente “tan peligrosa” ? Lo hago ya que nunca a lo largo de 31 años en mi misión como policía, tuve que ejecutar una labor tan desagradable, como debe ser la detención de verdaderos gerontes  incapacitados.