Dr. Gonzalo P. Miño

Palabras finales en la causa Pereyra Rossi - Cambiasso

Perfiles comunes

 

Atticus Finch y su familia debieron soportar las persecuciones de un pueblo que no comprendía donde se había trazado la línea divisoria del bien y del mal. Para matar a un ruiseñor, la novela de Harper Lee (O Truman Capote, para algunos) dejó una marca en el ámbito legal americano enalteciendo los principios y éticas de un simple letrado sureño. Cincuenta y seis años después de la publicación de esta novela, algunos abogados argentinos son menospreciados por colegas que no creen que todo ciudadano imputado merece una defensa justa. Entre estos profesionales relegados y desestimados, se encuentra Gonzalo Miño que -pese a esta moda mesquina y peligrosa que continúa después de doce años- prosigue elevando su práctica sin detenerse.

Sin dudas hay otros. El doctor Miño fue quién

insistió en que Claudio Kussman permitiera

ser representado por Gerardo y Carmen María

Ibáñez -un dueto joven y corajudo-. Los Ibáñez

y el doctor Miño son muy parecidos. Las

mismas convicciones, una elegante y cuidada

oratoria, el conocimiento del problema, el trajín

incansable, son cualidades que comparten además

de esa insoportable levedad del ser y convertirse en

parte, cuerpo y alma de sus defendidos.

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com

Carmen M. Ibáñez

Gerardo Ibáñez