“HISTORIA DE FICCIÓN DE LA PREHISTORIA”

 

Iba a llamar “El resplandor” a esta entrada, luego cavilé que ese era el nombre de una película de terror, y que no le iba, y después leí otra vez lo escrito y me pareció que sí, que era adecuado, “El mundo de las letras”.

En una última leída le di otra vuelta al asunto…

“El relato trata sencillamente de invenciones y de descubrimientos, de la tecnología de la prehistoria y otras viejas sorpresas”

Nada de miedo, y mucho menos lo inconcreto del miedo. Decidí titularlo “Invenciones”

En un arrepentimiento final y apresurado, lo llamé “Historia de la prehistoria”…

¿Ven cómo cambia uno en pocos minutos y se aprende a manejarlos?

Este cuento es exacto, es un reloj *El Nieto del Relojero y la Física”…

“Es verdadero, es una revelación, es íntegro, es una moraleja, y hasta es zoológico como un animal, si se me permiten un poco más de ironía”

Y lo encontré debajo de una piedra. Es una historia previa a la misma, lo que significa que es una historia de la prehistoria…

“Y siempre estoy Yo”

“Aquí el tiempo no existía, ni la palabra tiempo, ni ningún vocablo”

Dejo debajo de una piedra mi comunicación escrita en la *lengua críptica de lo invisible y lo inaudible*, para quien tenga ganas de descifrarla.

Yo no sabía si era hombre o mujer, de tan amontonados que estábamos en la cueva, aunque a veces me llegaba caminando despacio hasta cerca de la entrada. No distinguía nada, de tanto que me interesaba ver la luz, examinar la luz, aquello tan extraño que salía del cielo.

 

Esta última grafía fue dada antes de las palabras, no inventada. Permanecía apenas un brillar de la luz mirándola, y regresaba a lo oscuro, como todos.

No era terror y todos teníamos aprensión de salir, hasta los grandes cazadores. Se contaban novelas muy extrañas sobre lo que había afuera, aunque para llegar a una fábula hubiera que esperar al Siglo XIX.

 

Lo que se contaba no tenía párrafos, como indiqué, y nos entendíamos perfectamente. Los ojos contaban aunque la visual casi no existiera cuando había un relámpago o un estremecimiento de la tierra. El corazón contaba con palpitaciones, y la sangre que se sentía fluir en las venas de algún otro cuando estaba muy cerca de mí, me contaba al correr.

Afuera había seres distintos a nosotros, según entendí. Con dientes, con garras, con cabezas enormes. También podíamos ser el alimento de ellos.

Digo *nosotros y Yo*, alternativamente, porque no se sabía muy bien quiénes éramos entre todos y menos todavía quién era Yo. Me parece que en ocasiones, *Yo* era todos con los otros de la cueva y en ocasiones *Yo era Yo* sin los otros.

 

Después, todos éramos un amontonamiento de brazos, piernas, cabezas, abdómenes, y Yo era sólo un hacinamiento más pequeño e igual, hecho en escala mínima con el mismo patrón…

¿Soñaba en soledad o todos juntos soñábamos?

Esta era una pregunta que nos hacíamos a menudo, solían armarse fuertes discusiones, por supuesto inaudibles e invisibles. Recalco al respecto, en ese momento cada uno era Yo.

Cuando discutíamos nos volvíamos individuos por un rato. Aunque inmediatamente, en lugar de que todos fuéramos nosotros, o Yo, nos convertíamos en sí mismos todos y los otros, dos bandos en guerra únicamente para resolver esa pregunta de si soñábamos solos o en conjunto.

 

Mi bando opinaba que se soñaba en la más absoluta soledad, y alguno del otro bando, considerando que acá no existía el tiempo, se permitía citar a un poeta del Siglo XX que iba a decir en el futuro algo así como…

“Cuando un hombre duerme es, todos los hombres”

Nuestro bando le contestaba al que hacía la cita que había que analizar detenidamente esa línea. Señalaba que eso ocurría, *ser todos los hombres*, cuando un hombre duerme, no cuando un hombre sueña. El poeta del Siglo XX no especificaba que *el que dormía era una persona que soñaba*, y no siempre dormir implica soñar.

 

Cuando alguien dormía sin sueños era menos que todos los presentes, que nuestro bando, que Yo. Era menos que la vida, y respecto de eso quiero contar una anécdota de la cual yo fui protagonista, o estuve en la escena, porque el intérprete era el que estaba dormido…

“Nos habíamos acercado con nuestros cuerpos dos de nosotros y Yo era uno de ellos”

Tal vez éramos una pareja, como se dirá en el futuro, me parece. Eso es menos que de nosotros y de los demás de otro bando, y más que Yo.

Analizo que es la cantidad ideal de personas en lo oscuro, dos. La multitud y la individualidad se aplacan en ese momento, es un modo de estar muy cómodo y sereno y nadie discute. Nadie discute con la mente ni con los brazos, todo es suave en los gestos y cada uno, cada yo, experimenta algo singular en presencia del otro.

 

Un día me desperté y ese cuerpo que era tibio se estaba enfriando entre mis brazos y en el pecho yo ya sentía algo muy frío que venía de él. El cuerpo inmovilizado sobre mi cuerpo, la sangre congelándose sobre mi sangre cálida.

Demandé ayuda a otras formas de cuerpos, esos que estaban de a muchos o de a tres, o de a uno inclusive. Lo sacaron de mí y lo pusieron a mi lado. Ese cuerpo que estaba conmigo empezó a apestar, y en el mismo momento se inventaron la palabra heder y la palabra muerte en el idioma fantasma del futuro y en nuestro inaudible idioma de cavernícolas a ciegas…

“Empecé a llorar y se inventó la palabra llanto”

Todo se inventaba en silencio, y ese silencio tenía cada uno de los significados de las palabras que se inventaban…

“Lloré tanto que se inventó la palabra amor”

Para entonces Yo ya me había separado de todos y había inventado la palabra *tiempo* y el vocablo *pasajero*.

Algunos bandos inventaron…

“Infinito, eternidad, Big Bang –la gran explosión-, matrimonio, con el correr de mi palabra tiempo”

Una tarde Yo estaba derramando lágrimas sobre la tierra, lo apunto así para decir que ya había muchas palabras más, como tarde, derramar, lágrimas y tierra. Y de pronto vi un resplandor, que todavía no había sido inventado, y oí un chisporroteo, y el ruido de dos piedras que chocaban, aunque estábamos muy lejos aún de la palabra dos, o tres, o cuatro.

 

Ese resplandor se inventó de inmediato y contiguo tuvo nombre. Aspiraba, para ustedes, sólo terminar contándoles un hecho histórico, o casi histórico, o mejor dicho, prehistórico, en el que estuve presente…

“El descubrimiento del fuego y la invención de la palabra que lo menciona”

 

 

Dr. HUGO JOSÉ NARANJO.-

*Elogios de la seriedad*

H.N./e.d.l.s.

-El Pulso del Columnista, fan de los contenidos con convicción irrebatible-

-Y escritor de cartas y narraciones de sueños –

“Pasión-Paciencia-Perseverancia”

“Él nunca pudo tener una vida familiar, una pareja, no le concernía hacer

mucho contacto con otras personas y era bastante reservado para sí mismo”

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que

mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”

“Doctorado honoris causa y Máster - MBA Nacional e International.

“Executive en Dirección de Proyectos y Empresas”

-Soy Nadie -