Ifigenia

Rescatamos lo más odioso a costa de lo que más amamos

Hoy día sábado de mañana, en una noche desvelado, me instalé en escritorio, y repasé obras, extraídas de mi anaquel, Filosóficas, debido que muchas veces he pensado que los trágicos griegos lo dijeron todo. Nunca examiné a fondo esta suerte de sensación que aún no había derivado en noción. Consideraba que aquella Atenas del siglo V a.C., de pocos miles de habitantes, congregaba un gran número de cerebros y creadores de primera magnitud lo cual, en mi juventud, me parecía casi milagroso -no obstante-, tenía presente que aquella civilización era presa de supersticiones y crueldades.

Por Hugo José Naranjo

En griego, la palabra “civilizado” quiere decir también “domesticado”, “cultivado”, “disciplinado”.

Dejaba volar mi imaginación, veía a Sócrates paseando en compañía de su discípulo Platón y más allá al joven Aristóteles interrogando a un señor llamado Esquilo, acerca de su Prometeo.

Sentado en la puerta de su casa, tomando sol, Sófocles observaba a la gente y meditaba mientras Eurípides lo miraba desde la vereda de enfrente sin atreverse a saludarlo. En la plaza cercana, Aristófanes divertía a un grupo de sofistas. En la esquina, Herodoto platicaba con Fidias sobre recientes medidas políticas de Pericles…

“Mi entusiasmo no tenía en cuenta a los esclavos”

Volviendo a la tierra, ahora me interesaba Eurípides, *Creador de Ifigenia* que es, a mi juicio, uno de los personajes más tiernos y desolados de la tragedia griega, a la que quizás le permitiría competir con Antígona de Sófocles.

Se le ha criticado a Eurípides la extensión y defectos del primer coro, los largos parlamentos de Agamenón y Menelao y otros elementos de forma. De acuerdo, y lo importante es que, en sus obras, anticipa el teatro de nuestro tiempo, introduciendo en personajes matices sicológicos que, para decirlo de algún modo, confieren a la tragedia un soplo “más humano”…

“Ifigenia fue mi preferida y lo sigue siendo”

Tal vez resulte banal este ejercicio de atesorar a un personaje, excluyendo noticias biográficas de su autor o análisis serios de sus obras. Lo dejo en manos de especialistas. La verdad es que ciertos personajes, en la mente del lector o del público, suelen tener más vida que su creador…

“La figura del Quijote, por paradigma, se impone a la de Cervantes. Por eso, aunque la historia que me ocupa sea archiconocida, la recordaré brevemente a fin de puntualizar la inmolación de la heroína”

Agamenón, generalísimo del ejército griego, se dirige con su armada a Troya con el objeto de rescatar a Helena, esposa adúltera de su hermano Menelao, que ha “huido” secuestrada por Paris. La impaciencia y el odio predominan en esta aventura de cariz reivindicatorio, no ajena al deseo de lavar con sangre un acto afrentoso.

De modo que vemos perfilarse, por un lado el acto individual, pasional del rapto, y por otro la reacción, contraataque de carácter político, que pone en movimiento a todo un ejército navegando por el Egeo rumbo a la ciudad que eternizó Homero.

Y he aquí que de pronto, un tercer factor climático entra en juego y se impone como epicentro de la tragedia…

“La armada griega queda detenida en Ahulado a causa de vientos contrarios a la navegación”

Ante la frustración del generalísimo, el adivino Calcas vaticina que no soplarán vientos favorables hasta que la hija de Agamenón, *Ifigenia*, sea sacrificada en el altar de Diana. Detonante merced al cual la reserva de sentimientos profundos y fidelidades mantiene un duelo encarnizado con los fuegos de la ambición.

Ante una encrucijada atroz donde palpita no sólo una ética sino las imprevisibles consecuencias del acto, hay que elegir, ya se sabe…

“Continuamente el ser humano está condenado a elegir”

Instado por su hermano Menelao, Agamenón accede a las exigencias del adivino y envía una carta a su esposa Clitemnestra ordenándole que le envíe a *Ifigenia* para casarla con Aquiles. Luego Agamenón se arrepiente y envía otra carta negando lo anterior.

El mensaje es interceptado por Menelao y Clitemnestra acude a Ahulado con su hija, ambas ilusionadas por la boda prometida. Agamenón retoma su plan, y sus intenciones son descubiertas. Asistimos entonces a patéticos diálogos entre éste y su mujer. E  “Ifigenia”, ante lo inevitable, se resigna a su propio sacrificio.

Paso por alto el coro, las intervenciones de Aquiles, los fundamentos de Menelao…

“Y me limito a masticar las palabras de Ifigenia”

“La Grecia entera tiene puestos en mí sus ojos, y en mi mano está que naveguen las naves y sea destruida la ciudad de los frigios, y que en adelante los bárbaros no osen-robar mujer alguna de nuestra afortunada patria”

Y rescato una verdad muy sencilla…

“Desdichado es el linaje humano, pues estas palabras se adecuan ajustadamente a nuestros siglos XX y XXI, por no decir a la Historia del Hombre”

*Ifigenia*, cualesquiera sean otras connotaciones acerca de su tragedia, es un ejemplo fulgurante del determinismo helénico. Aún desamparada, ella es más fuerte que su destino. Su inocencia deja en sombras ambiciones, trampas y consignas del poder, razón por la cual esta muchachita no ha perdido actualidad, bien que víctimas semejantes en nuestro tiempo han sido sacrificadas para nada, o mejor a favor de quienes manipulan, violenta o moralmente, los hilos desde su sitial político, ni hablar de padres y madres en el ámbito familiar, que mantienen a resguardo su voluntad tiránica.

Y bueno, de todas maneras Eurípides salva a Ifigenia en Ahulado, convirtiéndola milagrosamente, en el instante de la inmolación, en una cierva. La reencontraremos más tarde en Tauride, devenida en sacerdotisa y huyendo con su hermano Orestes bajo la protección de Minerva…

“Y ésa es otra historia y aún no he terminado”

Dr. HUGO JOSÉ NARANJO.-

 

-HUGO JOSÉ NARANJO-

“Doctorado honoris causa, Máster y MBA Nacional e International”

“Executive en Dirección de Proyectos y Empresas”

*El filósofo enamorado de la vida*

“He sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo, ahora no indago en las estrellas ni en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre"

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”

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