"Ayer leímos en los medios mundiales que el fotógrafo periodista James Nachtway había sido galardonado con el premio Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. En su mayoría, las imágenes terribles de RUANDA 1994, que publicamos días pasados le pertenecen"

James Nachtwey creció en Massachusetts y se graduó en el Dartmouth College, donde estudió Historia del Arte y Ciencias Políticas.

Comenzó a trabajar como fotógrafo periodístico en 1976 en el Albuquerque Journal, un matutino de Nuevo México fundado en 1880 y que hoy difunde entre 90 y 120 mil ejemplares diarios. Nachtwey se trasladó a Nueva York en 1980 y comenzó a trabajar como fotógrafo independiente. En 1981, Nachtwey cubrió su primera misión en el extranjero en Irlanda del Norte pintando la lucha civil. Ha documentado una variedad de conflictos armados y problemas sociales en Sudִáfrica, América Latina, Medio Oriente, Rusia, Europa del Este, la ex Unión Soviética. En 1994, Nachtwey cubrió las elecciones en Sudáfrica. Nachtwey ha trabajado con Time como fotógrafo contratado desde 1984.

Estuvo presente en el ataque al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center.  También compiló un ensayo fotográfico sobre los efectos del conflicto sobre la población civil de Sudán.

En 2001, el documental Fotógrafo de Guerra se centró en la obra Nachtwey.  

El 1 de febrero de 2014, Nachtwey fue herido por una bala en la pierna izquierda mientras fotografiaba las protestas políticas en Tailandia. No fue la primera vez, durante la guerra de Irak y veces anteriores, el fotógrafo recibió heridas varias.

Ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Common Wealth Award, Martin Luther King Award, Dr. Jean Mayer Global Citizenship Award, Henry Luce Award, Medalla Robert Capa (cinco veces, en 1983, 1984, 1986, 1994 y 1998), Mejor foto del año según World Press Photo en 1992(por una foto sobre la hambruna en Somalia y 1994 (por una foto sobre el genocidio en Ruanda, Magazine Photographer of the Year (siete veces), International Center of Photography Infinity Award (tres veces), Leica Award (dos veces), Bayeaux Award Sea War Correspondents (dos veces), Alfred Eisenstaedt Award, Canon Photo Essayist Award, William Eugene Smith Memorial Grant, Premio Luka Brajnovic de Comunicación, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2016.

“Yo uso lo que sé de los elementos formales de la fotografía al servicio de la gente que estoy fotografiando, y no al revés. No estoy tratando de hacer declaraciones acerca de la fotografía. Estoy tratando de utilizar la fotografía para hacer declaraciones acerca de lo que está pasando en el mundo. No quiero que mis composiciones sean conscientes de sí mismas”. -Es la regla del profesional, en lo que podría distinguir como parte técnico-emocional. Quizás, su legado se entenderá mejor con estas palabras finales "Hay una historia vital que necesita ser contada…” -afirma para concluir: “Hay un trabajo que hacer ... contar la verdad. ¡Lo que deseo es despertar a la gente!”

¿Por qué Nachtwey se convirtió en un pintor de conflictos? Siempre hubo guerras. Tal vez el gatillo de un fotógrafo es el disparador para crear conciencias. Es cierto que una gran dicotomía se presenta en ese instante: Retratar el evento o ayudar. Es la crítica constante. Es algo que habrá pensado cientos de veces. Pero si es leal a la verdad del momento. Explica Nachtwey: “Siempre ha habido guerra. La guerra azota el mundo en este mismo momento. Y hay pocas razones para pensar que la guerra dejará de existir en el futuro. Mientras el hombre se ha hecho cada vez más civilizado, sus formas de destruir a sus congéneres se han hecho cada vez más eficientes, crueles y devastadoras”.

¿Es posible poner fin a un comportamiento humano que se ha mantenido a lo largo de la historia por medio de la fotografía? Las proporciones de esa noción parecen ridículamente desequilibradas. Sin embargo, esa es precisamente la idea que me ha motivado.

La sociedad, la gente, está bajo los efectos de un cloroformo permanente. Todos miramos a nuestros pequeños problemas como catástrofes que nos persiguen de manera implacable. El comercial de tristes perros enjaulados y esa música desoladora nos desgarra el corazón, aunque no reaccionamos. Niños que son permanentes residentes de hospitales nos miran desde la pantalla suplicando por ayuda y consiguen detener nuestro aliento, pero solo por unos segundos. Las imágenes de Néstor Femenía, aquel niño QOM de solo veinte kilos nos erizaba la piel, pero desconocemos si hay otros casos. Es por eso que una de las voces de orientación de conciencia es el periodismo, siempre que use herramientas pulcras, armas cristalinas, con una fidedigna pluma que documenta los hechos, aunque luego emita una opinión personal. Es decir, no entiendo nada de mecánica, no por ello puedo afirmar que cientos de entes invisibles empujan un auto y hacen rodar sus ruedas en vez de revelar el secreto de combustión de gases, funcionamiento de pistones, etc. Página 12, por ejemplo, es un panfleto de propaganda y sus redactores son instruidos para pintar escenarios poco transitables. Llaman represores a los militares que caminan rumbo a un juicio sin saber el significado de esa palabra, pero influenciando al lector con el convencimiento de que ese imputado es culpable. Y creo que ese redactor lo sabe. Clarín era uno de los novios de Néstor Kirchner, hasta que la ambición del santacruceño pudo más y la sábana capitalina comenzó a mentir.  Sin embargo, hay periodistas independientes que con esfuerzo elevan sus gritos tan alto como pueden. Lamentablemente, ese eco no es suficiente. “Hay un trabajo que hacer ... contar la verdad. ¡Lo que deseo es despertar a la gente!” -clama James Nachtwey recostado en su tercer ojo, ese que le ha dado tanta credibilidad desde los infiernos en Nuestra Casa. Pero, ese optimismo, ese sueño, siempre se transforma en una expresión de deseos.

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com