EL JUEGO DE AZAR  Y LA IMPUNIDAD

 

OPINIÓN

"El juego trae más próxima la pérdida que la ganancia" se decía en un periódico. "El jugador gana una, dos y tres veces seguidas; se llena de hinchazón y se lisonjea viendo los puñados de onzas que coge en la mesa de banca. Créese ya rico en tres o cuatro noches. Derrocha. Compra hebillas de oro, relojes. Regala a su mujer sortijas, batas y caravanas (caravanas eran un tipo de aros). Vuelve a entrar en la casa de juego creyendo salir cargado de oro como antes. No acierta una carta, o de cuatro pierde tres. Pierde todo el dinero y pide prestado. Dánselo, balanceando su anterior ganancia. Pierde lo que le dan. Vuelve a pedir y le niegan. Va a su casa y toma las caravanas, cadenas y sortijas que regaló a su mujer. Las vende por la mitad. Vuelve al juego y lo pierde al instante. Quitase las hebillas y saca sus relojes. Cómprenselos también por bajo precio. Prosigue el juego y quédase sin blanca. Torna a su casa. Descuelga los tapices. Abre el baúl y saca los camisones, las batas y aún las polleras y enaguas de su mujer, y corriendo la propia desgraciada suerte que en las empresas últimas, se queda pobre, desnudo y burlado. ¿Si este jugador queda pobre, son por ventura ricos los demás? Ninguno. ¿Pues quién se lleva el dinero? Es el coimero”. Coimero se le decía al patrón del garito. Se ve que desde el siglo pasado ya se pensaba que el simple e inocente juego de azar puede tornarse un vicio que se impone sobre la voluntad y lleva a la ruina a quienes atrapa. Por eso la sociedad lo evitaba, para salvar de sus garras a los pobres, a los impulsados por sus necesidades. Se dijo: ¿casas de juego? Sí, pero lejos, en lugares frecuentados por ricos a quienes les sobre plata y tiempo para hacer turismo. Así fue antes, pero las cosas han cambiado. Las corporaciones y asociaciones; el aumento del tiempo dedicado a la holganza por falta de trabajo y la impunidad reinante han facilitado que el turismo se generalice. Que todos tengan acceso a los sitios en que los garitos se toleraban para pasatiempo de magnates y desarrollo de regiones marginales. Si hasta los pobres van a los sitios en que se pensó que el juego no dañaría,¿se lo prohibiría también allí, en defensa de inocentes turistas? ¡Qué esperanza! En los tiempos modernos y actuales se descubrió que el juego ya no es un vicio que atrapa a incautos y arruina hogares, como antes era, sino que se ha convertido en una forma eficiente de juntar el dinero que los gobiernos necesitan para otorgar beneficios sociales. Al gobierno. A los Pseudos empresarios y testaferros, ni siquiera les importa que este flagelo impune contribuye a hundir más en las perturbaciones causadas por la crisis, llevando en consecuencia a descomponer  los hogares y a derrochar indebida­mente lo poco que se consiga obtener. Se hace aparecer a este grave vicio como simple e inofensivo pasatiempo. Pero el juego, cuando adquiere el carácter de una compulsión, se adueña del ánimo y se convierte en una obsesión casi irresistible. La Organización Mundial de la Salud considera a la “ludotopia” una enfermedad grave, que progresivamente domina la voluntad del pacien­te perjudicando su apreciación de los valores y su responsabilidad ante las obligaciones de todo tipo, familiares, sociales, laborales y ciudadanas. Algunos, incluso, la consideran una enfermedad que puede detenerse, atenuarse, pero no curarse. Por último sería deseable que el Estado a través de sus tres poderes que últimamente está ejerciendo una enorme presión fiscal sobre el contribuyente, investigue y verifique las enormes evasiones ante miles de maquinitas no reveladas ni declaradas y que tenga en cuenta las denuncias practicadas. Es sabido  que en nuestra provincia existen  causas de enorme resonancia mediática y publica sobre el “Clan Ale” y  el Juez Federal conjuntamente con altos organismos del estado nacional  ha encontrado que la mafia está  relacionada directamente con el juego.  Que existe un llamado  “Zar del juego”, sujeto de bajo perfil y que podría estar vinculado al clan  que figura inscripto como un empresario inmobiliario y sus testaferros invaden con sus maquinitas e influencias   a sectores en donde hasta no mucho tiempo parecían inamovibles o  un imposible. Es que muchos delitos e irregularidades se denuncian, se verifican y el Estado y la Justicia da vuelta la cara como diciendo “nada tengo que ver con esto”, y es en la práctica, lo mismo que patrocinar, promover, apadrinar la inmoralidad, que queda expuesta ante la ciudadanía sin que nada la evite, la corrija, ni menos aún la castigue. Si ante las irregularidades o ilícitos verificados se va esquivar el bulto sobre las notables corrupciones del juego, entonces, por supuesto la inmoralidad  ha de proliferar al amparo de esta protección oficial.

 

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN

Agosto 25, 2016