LA LABOR DE ESPAÑA EN AMÉRICA

 

Opinión

 

                                                                            Por Jorge Lobo Aragón

 

Se nos muestra constantemente en estos tiempos de los “Derechos Humanos”, la labor de Nuestra Madre Patria - España -, en la conquista como “una acción cruenta que segó la vida de millones de personas, simplemente por haber nacido aquí y creer en la fe de sus padres”. De tal modo que a los argentinos nos correspondería avergonzarnos de nuestro origen, ya que “el estímulo de las expediciones era muchas veces enriquecerse con tesoros a veces reales y otras legendarios”. De modo que cabría que renegáramos de nuestra procedencia, de nuestro nacimiento, de la obra de nuestros abuelos y por lo tanto de la civilización cristina y de la cruz en cuyo nombre la conquista se realizó. Parece olvidarse el principio de otros pueblos. De los españoles, por ejemplo, pueblos íberos y Celtas con el aporte de griegos y cartagineses, que por las armas fueron conquistados por los romanos e incorporados, a la fuerza, en la cultura latina. En la península escandinava tenían su asiento los sanguinarios godos, que atravesando Europa fueron a asentarse en las costas del Mar Negro para luego – entre guerras , incendios y saqueos – atravesar el Imperio Romano y plantarse en España, influyendo con sus costumbres, su cultura, su raza sobre los pueblos ibero-romanos. El origen son invasiones de pueblos que se desplazan en la medida que sus fuerzas lo permitan y en la medida que un incentivo de comida, de buenos campos, de alguna forma de riqueza, los impulsa. Algo similar podríamos decir de los francos que invadieron las Galias, de los Vikingos y de los sajones en las Islas Británicas. O, siglos antes, de los arios procedentes del centro de Asia que se apropiaron de Grecia y de la península Italiana. También de los judíos que desplazándose  desde la Mesopotamia primero y desde el Egipto después, tomaron como suya – ya que era la tierra prometida por Dios-en el país de los cananeos. Pareciera que la violencia de un pueblo que desplaza, o domina, o impone su cultura sobre otros, estuviera en el arranque de muchísimas naciones. No solo en el viejo mundo sino en el nuevo también. La ubicaciones de las naciones que los conquistadores hallaron aquí era el resultado de las múltiples invasiones que los americanos se hacían unos a otros. Ya fundada nuestra ciudad todavía los indios seguían invadiéndose, como que los Quilmes se asentaron en los valles después de una cruenta invasión desde la precordillera riojana. Lo común, lo general, es que las naciones procedan de una conquista. Lo que tiene de particular, de distintivo, de rescatable la conquista que ha dado al pueblo argentino, es que se hizo “en nombre” de esa cruz que ilustra a la que fue nuestra bandera tucumana, aunque – como toda acción realizada por hombres sujetos de pecado-no todo se hiciera como el nombre invocado lo exigía. También es rescatable que las barbaridades cometidas hayan sido mucho menos graves y frecuentes que las que figuran en las conquistas de otros pueblos, como que el Dios de los cristianos no hizo parar al sol para dar tiempo a matar a más enemigos. Y por último, esa conquista que otros denigran es la que ha fundado las bases de nuestra nación. No podemos negar lo que somos. No tenemos por qué escupir para arriba. 

 

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN

jorgeloboaragón@hotmail.com