Ezeiza

La Parrilla de Fariña y la Siberia del Personal Médico

Había una vez un preso de nombre Leonardo Fariña, alojado en el penal de Ezeiza por una causa de evasión fiscal. Con el propósito de insertarse en su nuevo ecosistema, adoptó costumbres “tumberas” y su contribución a la sociedad fue la de hacerse cargo del equipo de fútbol en su unidad carcelaria. Como todo director técnico argentino (Al mejor estilo Gerardo Martino en Barcelona o Alfio Basile en los equipos que lo han tenido como responsable de las cuestiones tácticas y estratégicas) recurrió a los asados para unir al grupo. Con el fin de refaccionar la parrilla existente, el empresario caído en desgracia pagó de su propio (¿?) bolsillo los elementos para la reparación. Entre estos materiales, vigas de hierro y alambres -apenas más peligrosos que emparedados de miga muchas veces confiscados a los visitantes de presos políticos- desembolsó una suma cercana a los cinco mil pesos. El servicio penitenciario anunció el comienzo de las obras a principio de este año. No, no estará la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner para su inauguración. Para reinsertarse en la sociedad, esta comida es vital -no me juzgue- Importantes políticos argentinos han presentado proyectos de ley para celebrar el primer domingo de octubre, anualmente, El Día Nacional de la Parrilla.

Había una vez un preso político (Preso ilegalmente arrestado) quien observó la manera como trabajaba, descansaba o simplemente habitaba el servicio médico del pabellón 19 bajo un tinglado alto con separaciones con placas de durlock, que no llegaban ni remotamente al cielorraso, produciendo un frío considerable en invierno. Este prisionero intentó hacer fructífera su idea de donar materiales para culminar esta obra añadiendo paredes y algún tipo de aislante para evitar que los efectos de los trastornos climáticos cayeran sin piedad sobre las humanidades de los profesionales. La iniciativa fue derrumbada por las autoridades y reglamentos del penal por un conflicto de intereses. Al parecer ningún detenido puede realizar una oblación, así la misma sea un beneficio para los sufridos trabajadores del establecimiento. Claudio Kussman nunca habló de esta frustración. Penosamente, las autoridades no compartieron este sueño. Pero queda como anécdota pequeña, que yo si he rescatado deliberadamente para exponer como está atada la cadena de la lógica en un país sin rumbo.

¿Será porque Fariña abonó su ofrenda con dinero perteneciente al Estado o a los contribuyentes?

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com