La sonrisa de un niño al ver llegar a un elefante a la pista central de un circo no es recompensa suficiente para ningún padre que diga desconocer que -en realidad- ese animal no tendrá una sola pizca de diversión. Al contrario, es la prueba viviente gran tragedia que se esconde detrás de los circos con animales. 

 

Los circos sacan a los animales de su medio natural, los fuerzan a vivir la mayor parte de sus vidas encadenados y dentro jaulas pequeñas donde a veces no pueden ni estirarse, allí defecan, duermen, comen. Son obligados a actuar bajo la amenaza constante de castigos y aceptaremos que todo lo que es obligatorio no nos suena a divertido. Tampoco lo es para estos actores involuntarios.

El cautiverio de animales salvajes los hace vivir constantemente en una zona de ansiedad, miedo, aburrimiento, enfermedad. A los animales se les niega todo lo que es natural para ellos: comida, actividad, socialización y comportamientos naturales. Dar vueltas en la jaula, ir y venir constantemente, el morder las rejas y la automutilación son comunes en los animales de circo. Este es un comportamiento neurótico causado por el cautiverio y un modo de vida artificial. Si, está el argumento que viven más tiempo en ese confinamiento. Es mi parecer que nunca le han preguntado sobre esta preferencia a ningún animal no humano.

 

Jorge Bergoglio pareciera -ante mis ojos, al menos- tener un gran problema al seleccionar a quién recibe (En este último caso, un circo que fuerza a animales no humanos a trabajar). El tema de los animales no humanos no es apasionante de leer cuando recurrimos a la Biblia. Los sangrientos sacrificios humedecen las páginas sagradas. Si los corderos abrazaran una religión, seguramente no sería la del Papa Francisco. Al menos Bergoglio es coherente con la palabra de Dios, quién puso a los animales en la tierra para servir al Hombre (O no: Qué sería de todo el arte cristiano si se desviara la mirada al mandamiento “No adorarás imágenes…”)

 

Pero el circo continúa y Francisco -el desconocedor- sonríe como ese niño que, tomado de la mano de su padre, quiere, necesita ver las piruetas de esos leones que solo oyen el chasquido del látigo.

 

 

"Vosotros hacéis cosas grandes. Sois artesanos de la fiesta, de la maravilla, de lo hermoso”.

Papa Francisco

 

 

"Vosotros sembráis esta semilla de la alegría. Semilla que hace mucho bien a tanta gente que vosotros quizás no conocéis pero estad seguros. Vosotros hacéis esto y gracias. Gracias”.

Papa Francisco

 

 

También esto es misericordia: sembrar belleza y alegría en un mundo a veces oscuro y triste. Gracias, gracias de corazón”

Papa Francisco

 

 

Si la Iglesia Católica tardó cuatrocientos años en pedirle disculpas a Galileo, ¿cuánto tardará en hacer los mismos con las injustamente encarcelados?

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com

Junio 18, 2016