Se me acusa de un fárrago de delitos que conllevan como pena

la prisión perpetua. Ello es la base de una armada y

falsa imputación: que omití deliberadamente encarcelar a

los militares y con ello les proporcioné impunidad,

cuando cualquiera sabe que se encontraban sujetos a la

Justicia militar y que las autoridades civiles no podíamos

intervenir. Además, su poder militar era irrefragable. La

policía, única auxiliar de la Justicia, estaba a sus órdenes.

 

Ejercí durante cuarenta años los distintos cargos sin objeción alguna. En aquella época, cuando el país se debatía en una guerra revolucionaria (según sentencia del Juicio a las Juntas) cumplí estrictamente con mi deber.

 

Acordé porque correspondía sobreseimientos de personas emblemáticas de la política argentina acusadas por el gobierno militar, como Ricardo Balbín y Antonio Cafiero, entre otros.

 

Accedí a más de ochenta liberaciones de personas juzgadas por terrorismo, no obstante recibir múltiples amenazas por ello, poniendo en riesgo a mi familia. Mostré al Tribunal entre otras una escrita por la terrible Triple A. Todas, me calificaban paradojalmente como cómplice de la subversión.

 

Lo que no olvidan es que acusé a múltiples terroristas, entre ellos al jefe de Montoneros de Mendoza y a los que asesinaron cobardemente al policía Cuello, de la Seccional Primera, delitos cometidos en el período constitucional.

 

Relato y venganza kirchnerista me tienen preso acompañadas por una profusa propaganda difamatoria que esconden un gran negocio de corrupción.

 

Tarde o temprano la verdad se sabrá. Entonces el sacrificio no habrá sido inútil.

Por Otilio Romano

Marzo 15, 2016

La Verdad Completa