LAS MAFIAS Y EL CASO LEBBOS

TUCUMÁN– ARGENTINA

 

OPINIÓN

 

Nace la mafia, con una rígida disciplina fundada sobre el juramento de ayudarse y de no

servir de testigos en los tribunales; hacen culto del coraje personal; no discuten las órdenes

de sus jefes; evitan cometer robos y asesinatos mientras no se trate de traidores a la

organización. Los mafiori tienen dirigentes, los giovani d’onori, y los encargados de ejecutar

los desafueros, los malandrini. Los malhechores le temen a la mafia más que a los tribunales

de justicia ordinaria. Muchos propietarios, por su seguridad personal, se ponen bajo su

protección. La mafia no es delincuencia desordenada: significa un orden distinto al aceptado

por la sociedad y por las leyes del Estado. Al producirse una masiva inmigración en los Estados

Unidos, allá van muchos sicilianos deseosos de sumarse a una sociedad de trabajo y de riqueza.

Y se ven marginados; no conocen la lengua (manejan su dialecto; no saben ni italiano), vienen de un mundo de otras costumbres, otros usos; sus ricas tradiciones son menospreciadas. Para sobrevivir, para valer, para hacerse respetar, recurren a organizaciones que reviven la mafia de su tierra. No sólo ellos: otras minorías raciales y religiosas apelan a medios similares. La mafia es una muestra de organización y de eficacia. Ya sin minorías que digan proteger puede seguir funcionando en busca de influencia, de grandes negocios, de poder. En el mundo del consumo abundan los rubros que son negocios substanciosos, empezando por el de la droga. De modo que las mafias no van a desaparecer por falta de minorías que las reclamen. En la actualidad incorporan al ámbito del delito los adelantos de la técnica, el apoyo de profesionales expertos y las sutiles artes para influir sobre la opinión pública. De modo que la lucha contra ellas se hace cada día más difícil. A la justicia ordinaria no se la teme, se la supone inocua (todo el mundo “confía en la justicia”; muchos, en realidad, confían en su torpeza), pero se sospecha que las mafias tienen poder, tienen fuerza y que son duchas en su aplicación.  Aunque sin minorías que precisen protección, las mafias pueden seguir funcionando ya que han visto la enorme eficacia que les da su organización. En nuestra Provincia San Miguel de Tucumán desde hace décadas  se aseveraba que no existían bandas  o asociaciones con fines de delinquir. El tiempo ante la inercia de los tres poderes del estado vino a dar la razón a la ciudadanía que clama por seguridad. Nos dimos cuenta que la mafia avanza como un pulpo cuyos tentáculos son insospechados. Hoy se suma (Gracias a Dios) a la ponderación pública de todo el país el caso de Paulina Lebbos. El asesinato de  una joven Tucumana  que había desaparecido en la madrugada del 26 de febrero  del 2006 al abordar un remise a la salida de un boliche de la zona del ex Mercado de Abasto en San Miguel de Tucumán. La estu­diante de Comu­ni­ca­ción Social, sale a bai­lar con unas ami­gas. A eso de las 6 de la madru­gada, junto a una de ellas toman un  un auto para vol­ver a sus casas. Cris­tina Mer­cado, la amiga de Pau­lina bajó en su domi­ci­lio pero la joven de 24 años nunca más vol­vió. 13 días más tarde Pau­lina fue encon­trada muti­lada, des­cuar­ti­zada, feroz­mente ase­si­nada, en un des­cam­pado cer­cano a una can­cha de polo. Lo increí­ble, lo que su fami­lia y la socie­dad toda no logran com­pren­der, es que del cri­men que sacu­dió a los tucu­ma­nos., El entonces  Fiscal Albaca (Hoy jubilado), tercer instructor de la causa  mantenía un hermetismo inconcebible en una causa pública y con querellante (el progenitor de la víctima Alberto Lebbos). En Prestigiosos Diarios de nuestra provincia, la Gaceta, contexto  y el tribuno  los periodistas  exteriorizaron  con sus enjundiosas y claras demostraciones la impunidad existente. Se preguntaron  e interrogaron con enorme sutileza… ¿Por qué pasaron  tantos años del asesinato de Paulina Lebbos sin que haya un solo imputado y ni siquiera un sospechoso del crimen? ¿Por qué los expedientes de la causa son secretos y ni siquiera el padre de la víctima, Alberto Lebbos, que además es querellante, puede acceder a ellos? ¿Por qué el  entonces fiscal del caso, Carlos Albaca, no permitió conocer las declaraciones de los testigos de la causa? ¿Por qué la investigación  estuvo prácticamente detenida desde hace años? ¿Por qué, si se probó la desaparición de actas, la alteración de la escena del crimen y que hubo policías que faltaron a la verdad, no hay nadie preso por encubrimiento? ¿Por qué ascendieron o trasladaron a los policías sospechados de encubrimiento? ¿Por qué los uniformados fueron acusados por incumplimiento de los deberes de funcionario público (adulteración de actas), en vez de encubrimiento? ¿Por qué, si el cuerpo fue encontrado el 11 de marzo de 2006 a las 14,  y el fiscal fue informado recién cuatro horas más tarde? ¿Por qué el lugar donde fue hallado el cuerpo de Paulina fue limpiado y desmalezado antes de que llegara el fiscal? ¿Por qué renunció el fiscal Alejandro Noguera, a cargo de la investigación? ¿Por qué desaparecieron las pruebas que rodeaban el cuerpo de Paulina? ¿Por qué en los  años de investigación no se realizaron los cruces de llamadas telefónicas entre funcionarios del gobierno solicitados por la querella? ¿Por qué la Policía mintió que halló el cuerpo luego de un arduo rastrillaje, 11 días después de su desaparición, cuando en realidad fue encontrado de casualidad por dos lugareños? ¿Por qué fueron amenazados los lugareños que encontraron el cuerpo? ¿Por qué ahora la Nación, a través del Programa Nacional de Lucha contra la Impunidad y luego del resonante caso Verón, que puso a Tucumán en el centro de la escena, decidió intervenir en el caso y revisar los expedientes que guardaba el fiscal Albaca? ¿Por qué el propio ex ministro de Seguridad, Mario López Herrera, reconoció ante la Legislatura las irregularidades que cometieron los policías y nunca se hizo nada? ¿Por qué separaron del caso al fiscal Daniel Marranzino, quien debía supervisar a Albaca, cuando pidió que se citase a un testigo que decía saber quiénes eran los asesinos? ¿Por qué periodistas de LA GACETA recibieron amenazas telefónicas? ¿Por qué la Corte Suprema, que debía investigar el posible encubrimiento, nunca se pronunció? De todas maneras el debate sobre esta supuesta mafia nos alerta: los argentinos, en estos momentos, estamos ante la evidencia de mafias que extiendan su poderío hasta ciertos despachos que debieran mantenerse inconmovibles. Que el asesinato de Paulina Lebbos y la desaparición de Marita Verón  (por citar los hechos más notorios entre muchos crímenes impunes) hayan inquietado a la opinión público poniéndola a la prensa en estado de constante vigilancia, es bueno y saludable. Si la opinión pública no reacciona en contra de ellas sería muy difícil que se pudiera hacer algo por eliminarlas, que es lo que la sociedad necesita para su tranquilidad. Y si efectivamente reacciona tendrá por delante una larga lucha, ya que las mafias no renuncian fácilmente a las conquistas que ella ha realizado, pero lucha que vale la pena librarse pues en ella se juega el destino de la patria de nuestros hijos.

 

DR. JORGE B LOBO ARAGÓN

jorgeloboaragon@hotmail.com

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Nov 30, 2015

Jorge B. Lobo Aragón