Monseñor Baseotto

Por Claudio A. Kussman

 

Hoy, como aparentemente es costumbre en estos últimos años, ante alguna fecha patria, se hizo presente en la prisión el obispo Antonio Baseotto a los fines de oficiar una misa a los numerosos creyentes practicantes que hay entre nosotros. Tomando varias copias de la única solicitada paga que pude publicar en el diario La Nueva perteneciente al temeroso Vicente Massot,  le pedí turno entre militares y policías que se confesaban con él. Así le hice entrega de las mismas juntamente con una copia que escribí días pasados bajo el titulo Otras Tres Cartas a la Iglesia Católica Apostólica Romana.

También le hice saber de manera oral sobre mi decepción ante las 115 cartas a la Iglesia, 4 de ellas al mismo Papa Francisco de las que solo obtuve como respuesta El Silencio. Su breve consejo se orientó a que no perdiera la Esperanza que ellos algo estaban haciendo.

 

Mi sacerdote confesor

Su parecido con mi sacerdote confesor  de la infancia, de apellido Mallorini, en el colegio Don Bosco de la ciudad de Bahía Blanca, es asombroso. Eso se lo dejé saber antes de retirarme. Frente a él -al alejarme- sentí la real dimensión de la penosa y profunda rabia que me invade por la situación a la que con mi familia estamos sometidos.

Por instantes, como en la infancia, percibí el bálsamo que brinda la fe cristiana, pero de inmediato me cerré. No puedo volver a ella. Necesito motorizarme con mi rabia para seguir adelante día tras día. No me puedo permitir pacificarme ni conformarme con rezar y actuar pasivamente. mas cuando justamente Monseñor Baseotto fue uno de los destinatarios de una de esas cartas. Además, cuando justamente el también fue víctima del autoritarismo reinante en nuestro país.

Antonio Juan Baseotto nació 4 de abril del año 1932 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, es obispo emérito de la Iglesia Católica Argentina.