Usted sabe la historia. Billy Bones llega a la posada con el mapa de un tesoro y tras un exceso de copas, cae muerto. En ese instante es cuando el joven Jim escamotea el plano, introduciéndose en un mundo de aventuras y desventuras.

 

El ex funcionario kirchnerista José Francisco López intentó esconder nueve millones de dólares -además de euros, pesos y otros objetos de valor- en un monasterio de General Rodríguez, pero fue interrumpido por autoridades policiales cuando se disponía a llevar a cabo su objetivo. A partir de un operativo que hizo la Policía Federal se producen sospechas de dónde quería ocultar esos billetes: en el allanamiento al convento realizado por la Policía se descubrió que había una bóveda de hormigón cerca del altar, en plena Iglesia.

 

El escondrijo de aproximadamente tres metros de largo, dos de ancho, y un metro y medio de profundidad, medidas suficientes para donar la cantidad de bolsos que el ex secretario de Obras Públicas tenía en su poder cuando fue detenido. No sé exactamente el propósito de dicho escondite dentro de la iglesia, pero si este se llenara de dinero, hubiera sido el primer milagro realmente comprobado.

 

José Francisco López fue apresado cuando se preparaba a ocultar varios bolsos que contenían casi nueve millones de dólares y objetos de valor. Los investigadores comienzan a atar cabos: ese lugar pudo haber servido en el pasado para ocultar dinero u otros objetos de otras personas que tuvieron relación con la entidad. Es lógico asumiendo que los bancos ya no son seguros como en el pasado.

 

La vida nos da sorpresas y la naturaleza, similitudes. José Mariena Cartolos recibió un crédito del gobierno colombiano para que empezara una plantación de palma (El país cafetero puede estar orgulloso de poseer una gran variedad de las mismas) en un terreno que le pertenece. Cuando Mariena Cartolos excavaba el terreno para colocar el sistema de riego se halló con algo inusitado bajo la tierra: unos contenedores de aspecto muy raído descansando en ese subsuelo.

 

Mariena logró sacar todos los contenedores y se encontró con la sorpresa que dentro de cada contenedor había millones de dulces y verdosos billetes americanos. La cantidad aproximada que dormía en la suma de los recipientes era cercana a los seiscientos millones de dólares.

 

Fue así como de la nada este agricultor colombiano en segundos y por segundos pasó a ser uno de los hombres con más dinero en Colombia. Pero la pregunta de dónde provenía semejante tesoro sacudía a toda Colombia.


El lavado de dinero o simplemente poner el dinero en el banco es un negocio riesgoso para muchos traficantes de drogas. Es por eso que muchos de los más famosos traficantes prefieren utilizar la estrategia de esconder el dinero en algún lugar.

Este método era el predilecto de Pablo Escobar, el traficante de cocaína más célebre de la historia. El traficante y político escondía los millones de dólares que recibía del negocio de la droga en diversos, curiosos y remotos lugares, entre ellos muebles y debajo del suelo, para prevenir de que el dinero nunca sería encontrado; también buscaba terrenos desiertos en todo el territorio colombiano para enterrarlo.

 
“El Patrón”, “El Zar de la Cocaína”, “El Capo” eran los apodos de Pablo Emilio Escobar Gaviria. El más grande traficante de drogas colombiano, era el criminal con más dinero de la historia. Además de drogas, su actividad “empresarial” estaba ligada al secuestro, asesinato, lavado de dinero y su incursión en la política. Su fortuna estimada era de treinta mil millones de dólares para principio de los años 90, lo que le valió ser considerado por revistas especializadas entre los hombres más ricos del planeta por siete años seguidos.

Escobar abastecía el 80% del tráfico de droga hacia Estados Unidos, razón por la cual embolsaba diariamente entre quinientos y setecientos mil dólares en ganancias. Su fortuna era tal que Escobar ya no sabía qué hacer con ella sin levantar sospechas así que se dedicó al lavado de dinero, a la compra de propiedades y a financiar programas de ayuda social para la construcción de hospitales, escuelas y barrios enteros que la población pobre de Colombia pudiera aprovechar. Si bien Escobar era una semilla del mal, hay que reconocer que al menos inauguraba sus obras totalmente terminadas.

Sin embargo, aún le sobraba una exorbitante suma de dinero que no podía depositar en los bancos debido a que levantaría muchas sospechas. Fue así como recurrió a la idea de enterrar dinero en terrenos desérticos cuya localización exacta sólo él y sus asociados cercanos conocían. Una vez que Escobar fue asesinado, el paradero de estas fosas se perdió. La CIA estima que existen más de cien cavidades distribuidas por todo el territorio colombiano que contienen entre quinientos millones de dólares y un billón de dólares cada uno.

 
Si bien los contenedores encontrados por el agricultor José Mariena Cartolos estaban en su propiedad, deberá entregar el mismo, culminando su aventura sin ese final feliz que vemos en Hollywood.

El descubrimiento puede desencadenar una nueva era de “cazadores de tesoros” que, incitados por esta noticia se lanzarán a la labor de encontrar el resto del dinero producto del narcotráfico colombiano.

 

En Argentina, los buscadores de tesoros tratarán de emular a Robert Langdon, el héroe de El Código Da Vinci y otras series de Dan Brown, aunque no precisamente buscando el cáliz sagrado, sino el botín robado durante la “década ganada”. Es decir, para el pueblo lo que es del pueblo, ¿verdad?

 

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com

Junio 21, 2016