Sandro Rojas Filártiga

El Artista y el Hombre

Cuando Jack Torrance desliza su auto rozando las montañas de Colorado transportando a su familia en búsqueda de paz para escribir su libro en el ficticio hotel Overlook, donde ganará unas rupias como personal de seguridad y mantenimiento, Stanley Kubrick golpea con un sonido estremecedor que hace cerrar los macizos tras el avance del vehículo y produce una reacción química en la piel del espectador.

Si bien El Resplandor no es el trabajo de Kubrick que más me atrajo, ni la novela de Stephen King que menos me hizo parpadear, la escena de apertura del film aún despierta sensaciones escalofriantes.

Antes de ver La Escuelita de Manchalá, el tráiler de este trabajo llegó furiosamente a mis oídos y ese tambor bramando en solitario produjo estremecimientos comunes. Una vez que pude observar la producción completa y la mansa frustración de aquellos que prestaron voces y rostros para contar lo incontable, no pude despegarme de la pantalla.

La imagen escondida que tengo de un artista es confusa. Un director de cine es lo que quiere contar, pero también lo que cuenta. Y esto es interacción. Es preguntas y respuestas. Es la búsqueda de algo valioso que se enaltece cuando este hallazgo es la verdad. Manchalá y -si viene al caso- Los Valientes de Formosa, hieren. Son los espejos que exhiben la derrota en la victoria.

Sandro Rojas Filártiga cuenta historias del valor pisoteado de simples soldados cumpliendo con su deber, pero el código común es bajar la cabeza de una manera diferente. Estos hombres saben que ayudaron a la patria, saben que salvaron vidas y nadie les enlodará esa verdad.

Y otra vez la percusión, esta vez taladra los sentidos con un inquietante piano que hace brillar los ojos de los entrevistados. Esos a quienes ya no les pueden robar más. Ellos lo saben, Filártiga lo sabe y gracias a su puente, usted se convencerá. Miles de bajos relatos, no pueden mancillar la lógica, ni nublar la honestidad.

Bromeando, pero sin sonreír, le comenté tiempo atrás a Sandro Rojas Filártiga que su talento era tan grande, que si hubiera sido un artista financiado por los Kirchner nadie podría haber lanzado una queja. Claro es, que sus películas se hubieran titulado Los Pintores Genocidas o El Cuartel que nos Emboscó esa Primavera. Pero, tal vez no hay dinero suficiente para traicionarse tanto.

 

Fabian Kussman

PrisioneroEnArgentina.com