Temporal en alta mar

por el Dr.Francisco Bénard

 

 

Algún dia muy lejano en el tiempo, cuando era joven me imaginé ser almirante de la Armada Nacional. Me imagine siendo el capitán de un buque que recorría los mares del mundo. Casi todos los oceános, casi pocos lugares sin recorrer.

 

Ser capitán de un buque es una gran responsabilidad. De mi dependerían muchos oficiales pero tambien simples marinos y algunos que solían viajar como invitados especiales. Normalmente algunos periodistas -espero ser uno de ellos un día-. Era un buque naval en alta mar.

 

La noche era muy oscura, la luna casi había desaparecido, estaría quizás enojada. Las aguas estaban inquietas. El viento soplaba cada vez más fuerte. El buque comenzaba a balancearse de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás. Había ya comido y nuestros estómagos comenzaban por dentro a balbucear. Comenzamos a sentir los primeros síntomas de lo que sería un gran temporal. Las ráfagas de los vientos no nos permitían permanecer casi de pie fuera de los compartimentos y de la torre de control.

 

Estábamos todos en una alerta total. Estábamos en el medio del alta mar. Algunos sentían  un poco de miedo y eran los llamados "nuevitos".Otros tomaban todo con calma dentro de la poca que había en aquellos momentos. El Imaginario "capitan del buque" manteniase tranquilo y sereno. Debía transmitir tranquilidad, serenidad a sus subordinados.

 

Piloto de "tormentas" y con mucha tranquilidad fue pasando el tiempo y todo parecía querer volver a la normalidad. Algunos estaban descompuestos de que el barco brincara tanto como un potro recién domado. Los médicos no daban abasto para contener a los que habían quedado nerviosos, a los que se sentían mal.

 

El capitán pedía serenidad y transmitia a su gente. Ese fue quizas el secreto para que capeáramos el temporal. Pasaron unas cuantas horas y finalmente todo parecía volver a la normalidad. Al final sentí una gran satisfacción de haber logrado que mis subordinados superaran las distintas facetas de ese temporal en el medio del mar, en la inmensidad del Atlántico Sur.

 

Las aguas comenzaron a tranquilizarse. Había sido una noche díficil, en la que casi no dormí. Entonces decidí dejar el mando a un joven oficial al que llamabamos "aguas celestes" de tanto que amaba el mar.

 

Dr.Francisco Bénard

"El Almirante Imaginario"

franciscoambenard@gmail.com