Tercera carta a Mariel

24 de marzo, 2016

 

Querida Mariel,

Nunca hablamos y te conocía a través de las palabras escritas o de haberte escuchado en las entrevistas realizadas por Fabian.

Ayer cuando me llamaste, antes de atender el teléfono se me dio una extraña premonición. Supe que eras vos. Te agradezco profundamente tus palabras y sentimientos. Realmente me impactaron. Mucho más tus lágrimas al no aprobar lo que hoy estoy haciendo y finalmente, que me compararas con tu padre. Estas lágrimas se unen así a las de mi esposa y me causan un muy profundo pesar.

Postergué para no quebrarme emocionalmente, una respuesta con palabras escritas. Te diré que tu ruego es lo único a lo que no puyedo ceder y a lo que me niego en forma absoluta: que detenga mi resistencia pasiva. Por ello, pido perdón mil veces.

Vos sabés –por experiencia personal- que todos estamos sometidos a una inequidad nunca vista. Vos, por el no reconocimiento de un héroe-víctima, como tu padre, por parte de nuestros dirigentes y amplios sectores de una sociedad anestesiada. Con tu permanente y desigual lucha de tantos años, mentalmente y espiritualmente seguís siendo la nena tratando de introducir al padre fallecido en su hogar, para que vuelva la vida. Son metas imposibles, como seguramente lo son las mías y las de mi familia, pero no por ello uno debe abandonar el intento de alcanzarlas. Es la fuerza incontenible que no nos permite arrodillarnos ante la injusticia sin límite por más dolor que esta nos cause, por más poderosos e inmorales sean sus ejecutores. Lo que hago, y no callar, es la única barricada que puedo llevar a cabo por estar en prisión.

Desearía tener la oportunidad de mirar a los ojos tanto a prevaricadores como a los viles burócratas que conducen nuestros destinos y que increiblemente nos ignoran. Pero esto es un imposible por la cobardía y culpabilidad moral de estos Judas de hoy.

Somos un grupo reducido de la sociedad que por misteriosas circunstancias -que no buscamos- nos toca enfrentar hechos muy desgraciados e injustos a los que desafiamos y a los que contraponemos en diferente forma y con diferentes fuerzas. En lo que si somos similares, es que lo haremos hasta el final, sea cual fuera este. Por eso mismo, una vez más, pido perdón.

Con muchísimo afecto,

 

Claudio

 

Mariel Fernández es la hija de Paulino J. Fernández, policía salvajemente acribillado por miembros de los que hoy son honrados y no irónicamente mencionados como “juventud maravillosa”